Ningún diamante, esmeralda o rubí valen el bochorno colectivo de ser considerado como un truhan que no puede salir a la calle sin el abucheo correspondiente, sin la explosiva frustración de los que se sintieron engañados.
La exprimera dama de Corea del Sur, la espigada y quebradiza Kim-Keon-hee ya está en la cárcel por haber recibido alhajas a cambio de ser influente en muchos negociados. Los relojes recibidos no le ayudarán ahora a medir el mucho tiempo que le queda en la sombra. Su esposo, otro venerable, sufre cadena perpetua por abusar de sus poderes y querer implantar la Ley Marcial en su País.
Aquí esas cosas no pasan. La señora Kim no ha tenido la suerte de que “millones” de personas gritaran por las calles eso de “Yo, con Begoña”. Trasladado a Corea: “Yo con Kim”. Y tal masiva consideración fuese espoleta de abandono judicial.
Parece ser que el señor Presidente prometió a la fontanera que “si conseguía limpiarlo todo” le iba a regalar unos pendientes de Cartier o un broche que sujetara las condecoraciones. ¡No tuvo tiempo!
Pedro Villarejo