Más de un lector se preguntará que cómo pongo en el título de este artículo la palabra parapsiquiatría, que no existe, y que tampoco recoge la ciencia médica. Y así es. Sin embargo, creo que en un contexto histórico, le podríamos dar vida y definirla como un comportamiento extraño o inentendible, que se escapa a toda explicación lógica y sobre todo racional.
Siempre se ha dicho que ningún loco reconoce su locura. Y creemos que hay millones de locos a los que consideramos cuerdos, o cuerdos locos; especie humana en la que se pueden incluir incluso a algunos intelectuales y profesores, cuando enseñan una historia parapsiquiátrica, dando credibilidad a la falsa leyenda negra española, que como su propio nombre indica es eso, una leyenda, y como tal, es falsa, aunque muchos la crean.
La parapsiquiatria, se diferenciaría de la psiquiatría en que ésta es una especialidad de la medicina que estudia la mente, y aquélla se escapa de la comprensión, por lo que es muy difícil de explicar. La parapsicología, en cambio, es palabra que sí existe, se encuentra en el diccionario, y se refiere al estudio de fenómenos paranormales.
La psiquiatría trata enfermedades mentales y trastornos de mayor gravedad que la psicología, o crónicos, mientras que la psicología trata principalmente emociones o conflictos interpersonales.
De ahí que, si hemos de tratar el fenómeno de la creencia en la falsa leyenda negra española, como algo extraño y sin explicación racional, habría que encuadrarlo en la parapsiquiatría, aunque tal nombre no esté regisrado, y no en la parapsicología; por tratarse de un fenómeno de extrema gravedad histórica. Son numerosos los hechos ciertos e irrefutables que confirman la falsedad de la leyenda negra en tierras americanas, que sintetizo:
Actualmente se ha empezado ya a entender como completamente insólito para la época, la creación de normas específicas que protegían la población nativa hace más de cinco siglos, y asimismo el propio debate filosófico y moral que sobre la conquista realizó la Escuela de Salamanca, con sus poderosas intuiciones, que se adelantaron al derecho internacional, y también, en siglos, al propio Contrato social de Rousseau.
Decía ya el Padre Suárez, en aquél tiempo : “Toda ley se ordena al bien común.” “Una ley injusta no debe cumplirse, ya que, si contempla la esclavitud, por ejemplo, no debe cumplirse, porque contradice la justicia natural.” “La soberanía pertenece en primer lugar al pueblo; aunque un monarca reine, su autoridad le viene del consentimiento de los ciudadanos.” Esto lo decían ya nuestros filósofos en el S. XVI.
Entendemos que son cuerdos locos los que creen que los españoles mataron a los indios americanos, pero a éstos cuerdos locos no parece que les haya ofendido tanto el que los anglos pagaran dinero por cabellera de indio, -cosa que los indios aprendieron también de los caras pálidas-, y que a los pocos vivos los recluyeran en reservas. Sin embargo, no se ha escrito una leyenda negra de los ingleses, ni de los franceses, ni de los holandeses.
El investigador polaco-venezolano, Ángel Rosenblat establece en su estudio “La Población Indígena de América desde 1492 hasta la actualidad”, y recoge las siguientes cifras totales, al tiempo de la conquista: 11. 285.000 nativos, incluyendo Norteamérica.
La ONU afirma que más de 800 pueblos indígenas viven actualmente en Hispanoamérica, y el Banco Mundial afirma que son 42 millones de personas indígenas los que viven en Hispanoamérica, a los que habría que añadir los 430 millones de habitantes más, en su mayoría mestizos.
Es decir, no cuadra con la lógica más elemental ni con la estadística más rudimentaria, por incoherente el relato negrolegendario que se atribuye a los que, por el contrario, dictaron leyes en favor de los indios, les concedieron el derecho a la igualdad y a la propiedad, construyeron carreteras, hospitales, catedrales y universidades que les dieron el acceso a los nativos.
Decía Ángel Ganivet que “para destruir las malas prácticas, la ley es mucho menos útil que los esfuerzos individuales.” Y aquí es donde hemos de hablar de los psiquiatras de la historia, entendiendo como tales a todos aquellos historiadores, intelectuales, y divulgadores que con su investigación, estudio, y esfuerzo están consiguiendo que florezca la verdad histórica sobre España, a pesar de las enormes dificultades con que se encuentran, sobre todo porque el hispanismo es visto como un peligro por quienes dominan el mundo, y tienen verdadero pánico a un mundo hispano unido.
El nuevo hispanismo en la historia consiste en una evolución de la misma hacia un enfoque trasatlántico, plural y de poder, superador de la visión europea propagada interesadamente. Así es que, a partir de los años 80 del S. XX, se comenzaron a cuestionar los cánones anteriores, adoptándose una perspectiva muy crítica y trasatlántica, conectando la historia de España con América, cuestionándose las falsas valoraciones europeas, para valorar las civilizaciones americanas, en pro de una revisión histórica más justa.
Es un poco sorprendente que gran parte de los hispanistas más reconocidos, también por España, sean anglosajones, como es el caso de Paul Preston, Thomas Stanley G. Paine o Geoffrey Parker. Y, sin embargo, a alguno de ellos hay que agradecerle que hayan mejorado la historiografía, contribuyendo un tanto a que los españoles superáramos un poco el que asumamos nuestra propia historia de una forma anómala y aberrante.
Es interesante citar al hispanista Alberto G. Ibañez, autor de interesantes libros sobre el tema, y de su libro Hispanoterapia, pronto a aparecer. Dice el citado autor que «La Guerra de Secesión de España en América generó doscientos años de amnesia histórica” y que “La Hispanidad es una realidad histórica que exige ser defendida con rigor, conciencia y palabra.”
Por su parte el importante filósofo e historiador francés Hippoyte Taine escribió algo que se debiéramos conocer y subrayar con letras de oro: “Hay un momento superior en la especie humana: la España desde 1500 a 1700.” Este autor es considerado uno de los principales teóricos del naturalismo, e influyó en nuestro precursor de la Generación del 98, Ángel Ganivet, injustamente olvidado.
Dicho todo lo anterior, es un orgullo decir que son muchos los psiquiatras hispanoamericanos que tratan la “parapsiquiatría historiografica”, o sea, los historiadore hispanistas, que están surgiendo, y siguen surgiendo en tierras hispanoamerianas, lo que tiene un gran valor en la causa, pues escriben desde el núcleo principal al que se refiere la falsa leyenda negra, y es de agradecer que estén contando los hechos históricos que investigan y divulgan, con rigor y con pasión. De modo indicativo, enumero algunos Hispanistas de Iberoamérica que se han dirigido a Felipe VI, mediante carta, para relatar las verdades históricas de los tres siglos de convivencia en unidad:
Julio Carlos González, profesor de la Universidad de Buenos Aires. Patricio Lons, de nacionalidad argentina y el historiador y divulgador de la historia común de los países hispanos más conocido de la actualidad. Ferrán Núñez, de nacionalidad cubana. Mabel Sánchez, de nacionalidad colombiana, hispanista e ingeniera. Fabiola Rivera, de nacionalidad peruana, profesora. Marcelo de la Puebla, de nacionalidad chilena, historiador y flamencólogo famoso. Ángelo Guiñez Jarpa, de nacionalidad chilena. Rafael Bahamonde, de nacionalidad ecuatoriana.
Dos importantísimos baluartes de la Hispanidad, tanto por su gran actividad, como por la vigencia y gran éxito de sus textos son: el profesor argentino Marcelo Gullo Omodeo, al que no hace falta presentar, y al mexicano Juan Miguel Zunzunegui, de formación multidisciplinar, y especialista en la historia de México, que recientemente dio una lección magistral de historia a un ignorante periodista español, sobre el tema.
Solo he citado a un hispanista español, aunque hay más; pero, sin embargo, no quiero obviar a la Asociación Cultural Héroes de Cavite, muy activa enredes sociales, que se centra en dar a conocer nuestra rica historia, luchar contra la leyenda negra, y promover un acercamiento cultural y económico entre todos los países en los que se hable español, según reza su carta de presentación.
Gran artículo en favor de la Hispanidad.
Ya es hora de acabar con la leyenda negra.
la leyenda negra ha hecho mucho daño a España y no la hemos refutado nunca, una vergüenza.