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Fabular no es mentir

Una paloma blanca surca los cielos

Una paloma blanca surca los cielos

Los que escribimos a diario por obligación devocional buscamos en las musas referencias escondidas, trozos de carne limpia que nacen en los sueños y que nos sirven para novelar la vida, sobre todo cuando se presenta mentirosa y cruel. Los escritores, entonces, echamos mano de la pluma y de los espejismos, pretendiendo que la circunstancia sea más ágil y llevadera.

Sin ir más lejos, esta mañana una paloma volaba a poca distancia de mis ventanas. Una y otra vez danzaba, como queriéndome dar conversación: ¿Adónde irá la paloma? ¿Qué querrá la paloma? ¿Se ha equivocado, acaso, la paloma? Mientras las dudas volaban en mi distracción, la paloma dejó su excremento en los cristales y las diferentes posibilidades de paz que yo pensaba se desvanecieron, volviéndome a la realidad de una defecación segura que vemos a diario detrás de cada esquina.

Me gusta fabular para no mentir, escribiendo que todo va bien, que nos aman quienes nos gobiernan y que sólo pretenden para todos un vuelo de dignidades… pero resulta que la paloma viene a lo que viene. Cada día cuesta más trabajo soñar.

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