La distinción entre ética y moral es fundamental para cualquier análisis serio de la conducta y la vida en comunidad. A pesar de que se usan a menudo como sinónimos en el discurso diario, en el ámbito de la filosofía y el pensamiento crítico, representan dos dimensiones distintas, aunque interdependentes, donde la primera actúa como el marco superior o continente. La relación se precisa entendiendo a la Ética como la Moral en sentido amplio y a la Moral propiamente dicha como la Moral en sentido restringido.
La ética es la disciplina filosófica que aplica la razón a la acción humana. En términos de la teoría del conocimiento (Gnoseología), la Ética funge como el sujeto cognoscente, es decir, el agente activo que contiene, analiza y justifica.
Al igual que una madre que ama a todos sus hijos, la Ética reflexiona sobre diversos objetos cognoscibles, pero la moral es el objeto material principal de su estudio, el más querido y analizado.
La ética, también conocida como filosofía moral, constituye el marco teórico que se dedica a buscar el fundamento racional de las normas que rigen la conducta. Sus principios buscan ser atemporales, basados en la razón, y es la reflexión que nos ayuda a entender por qué debemos actuar de cierta manera.

Dentro de este marco reflexivo se encuentra la moral, que es el contenido específico y práctico que la ética estudia. En términos gnoseológicos, la moral es el objeto cognoscible, es decir, la materia, el fenómeno o el código de normas que es analizado por el Sujeto Cognoscente.
La Moral es el conjunto de normas, valores y costumbres que rigen el comportamiento de un grupo social o un individuo. Su origen es fundamentalmente cultural y social, ya que se transmite por tradición. Su ámbito es práctico y concreto, y nos dice qué hacer en la vida diaria (por ejemplo: «mentir está mal»).
La relación entre ambas es, por tanto, jerárquica y de influencia mutua. La moral proporciona los datos brutos (el objeto de estudio), pero es la ética la que actúa sobre ella. Este proceso de reflexión ética (el continente) influye y moldea la moral (el contenido). Al examinar y cuestionar las reglas, la ética permite que una sociedad o un individuo evolucionen y ajusten su propio código moral, asegurando que sus estándares sean razonables y bien fundamentados. Juntas, estas dos dimensiones nos permiten vivir de una manera coherente y reflexiva dentro de una comunidad.

La distinción entre el marco de estudio y su objeto se resume mediante la lógica formal:

«El hombre que quiere comprenderse a fondo a sí mismo, debe ‘apropiarse’ y ‘asimilar’ toda la realidad de la moralidad y de la verdad moral.» — San Juan Pablo II
Dr. Crisanto Gregorio León,
Profesor Universitario