España ha encendido las alarmas sanitarias al notificar 101 casos de sarampión durante los meses de enero y febrero de este año. Según el último informe del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), el país solo es superado en incidencia dentro de la Unión Europea por un estrecho margen, acumulando casi un tercio de los 350 contagios totales registrados en la región en este inicio de ejercicio.
El organismo europeo ha manifestado su preocupación ante este repunte inicial, especialmente porque la transmisión de esta enfermedad suele intensificarse con la llegada de la primavera. El ECDC advierte de que estas cifras subrayan el «riesgo de una mayor propagación en poblaciones que no han recibido el esquema completo de vacunación», instando a las autoridades a reforzar las campañas de inmunización.
El análisis demográfico de los últimos 12 meses revela una vulnerabilidad crítica en los extremos de la vida: los menores de cinco años representan el 33,2% de los afectados, mientras que los adultos mayores de 15 años suponen más del 42%. Las tasas más altas de notificación se concentran de forma alarmante en lactantes menores de un año, quienes a menudo aún no han completado su calendario vacunal.
La estadística de vacunación es contundente: el 79,9% de los contagiados en el último año no había recibido ninguna dosis contra el sarampión. Esta falta de protección ha tenido consecuencias fatales en el continente, con la notificación de seis muertes atribuibles a la enfermedad en países como Francia, Países Bajos y Rumanía durante el periodo analizado.
A pesar de que los datos de febrero mostraron un ligero descenso respecto a enero, los expertos piden cautela y no bajar la guardia. El sarampión sigue siendo una amenaza real para la salud pública europea, alimentada principalmente por las brechas en la cobertura vacunal y la alta contagiosidad de un virus que no entiende de fronteras.