España habla de Estados Unidos

19 de julio de 2026
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Este Trump es un cachondo
Bandera de Estados Unidos. /FI

Cuando preguntaron a Luz Rodríguez de Peñaranda, periodista de RTVE gran conocedora de Estados Unidos, por qué razón los españoles no nos entendíamos bien con Estados Unidos, la periodista respondió: “Por la escala”. ¿A qué escala se refiere?: “a la escala de país; allí, todo es enorme”. Seguramente, esa era una de las razones, físicas, de la incomprensión, de la que me atrevo a decir que es mutua. Empero, ha de haber más razones o sinrazones, entre las que quiero destacar las de tipo geopolítico.

En este 250º aniversario de su independencia, en Estados Unidos su clase dirigente, su discurso oficial y sus escuelas parecen haber olvidado la decisiva ayuda que la España del siglo XVIII brindó a los revolucionarios independentistas estadounidenses de las Trece Colonias. Fue un apoyo crucial con mucho dinero, logística eficaz y compromisos de combate en los campos de batalla terrestres y navales. Las figuras del militar Bernardo de Gálvez y del banquero Diego de Gardoqui, son algo más conocidas que la del verdadero suministrador de copiosos recursos financieros para que Gálvez y Gardoqui pudieran pelear y el absolutamente decisivo aporte financiero y de información de inteligencia para consumar la victoria franco-estadounidense de Yorktown en 1781 contra los ingleses.

Saavedra, muñidor de la independencia

Fue Francisco de Saavedra (1746-1819), sevillano, quien, desde La Habana, envió a los combatientes medio millón de pesos de plata e informes de espionaje altamente valiosos. Con esta suma de dinero español pudo pertrecharse el almirante francés De Grasse, que forzaría la rendición de las fuerzas británicas. Saavedra, tan desconocido como fascinante personaje, sería nombrado presidente de la Junta Suprema de España e Indias contra Napoleón y Regente del Reino durante la ocupación francesa de España en 1808.

Pese a todo ello, ulteriores mandatarios de Washington, no por acuerdos sino manu militari y con malas artes, léase presumible auto-atentado contra el crucero acorazado Maine, rapiñaron a partir de 1898 lo que quedaba del imperio español, que abriría a Estados Unidos las puertas al mar Caribe, en las hasta entonces colonias españolas, Cuba y Puerto Rico, también al océano Pacífico, en las de Filipinas, Guam, Las Carolinas y las Islas Marianas, claves todas ellas del acceso del país norteamericano a la hegemonía oceánica mundial.

Toponimia

Asimismo, la toponimia no miente: la presencia española en el territorio estadounidense fue y es extraordinariamente extensa ya que lo ha sembrado de ciudades, regiones y Estados que llevan el marchamo español: desde Nogales, en Arizona, a San Agustín (la primera ciudad de aquel país, fundada por españoles en Florida en 1565); de San Diego o Los Ángeles a (hoy) Córdova (en Alaska); desde Tejas a California, nombre éste, por cierto, de una princesa que figura en libros de Caballerías leídos por el hidalgo Alonso Quijano y citada por Miguel de Cervantes. Tiempo después, la des-españolización estadounidense de la excolonia española de Filipinas (debía su nombre a Felipe II), fue implacable, con miles de muertos.

Ya en el siglo XX, en la Guerra Civil de España entre 1936 y 1939, pese a la apariencia de neutralidad y simpatía oficial estadounidense pro-republicana, la Standard Oil de California, propiedad originaria de John D. Rockfeller, luego denominada Chevron, junto con la compañía Texaco, de Tejas, estuvieron suministrando petróleo al bando alzado franquista durante toda la contienda. En 1944, cuando en las playas y campos del continente europeo aún combatían a Hitler miles de soldados norteamericanos, desde la Casa Blanca se daban instrucciones para que Franco, aliado del genocida germano, impidiera a toda costa su propio derrocamiento para integrarlo, por su anticomunismo, en la Coalición de la Guerra Fría, que regiría los destinos de Europa Occidental durante 45 años. El abrazo al dictador al presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower en la plaza del Callao de Madrid, rubricaría la previa cooptación geopolítica de Franco por Washington, a quien gustosamente cedió las bases de Rota, Torrejón y Zaragoza, mediante acuerdos de sumisión franquista, primero, de cooperación -más o menos tal- ya en democracia, empero con decenas de cláusulas aún secretas.

Una estación estadounidense de radioescucha y control del Mediterráneo, ubicada en el Puig Major, Sierra de Tramontana, a 1.436 metros de altitud, y hasta el año 1992 complementaría sus escuchas, iniciadas en 1967, con las emisiones de propaganda ideológica anticomunista de Radio Liberty, que permaneció emitiendo hacia el Este Europeo desde gigantescas antenas instaladas en la villa costera catalana de Pals hasta el año 2001, a partir de marzo de 1959.

Todo ello no solo perpetuó en el poder el régimen de Franco, naturalizándolo pese a su carácter dictatorial sino que, además despejó sobremanera el aterrizaje de decenas de multinacionales estadounidenses en España, las mismas que se adentraron en el mundo industrial, financiero, bancario, inmobiliario, informático, alimentario, farmacéutico, sanitario, así como en el del Cine y, señaladamente, en el de la Defensa. Estados Unidos es hoy el primer inversor en España, con cifras de hasta 190.000 millones de dólares, según algunas fuentes.

Pese a todo ello, hoy asistimos a una “decepción” de Donald Trump hacia España y su Gobierno. Tal decepción obedece al comprobar que en Madrid no se acepta su diktat para entrar ilegalmente en guerra contra Irán cediendo las bases de Rota y Morón. Se acentuó previamente su decepción cuando, desde La Moncloa, se denunció el genocidio contra el pueblo palestino a manos de su aliado Benjamín Netanyahu en Gaza y en Líbano. Por ello, el presidente del rubio tupé propuso expulsar a España de la OTAN. Recordemos que España accedió obligadamente a la alianza político-militar patroneada por Estados Unidos -y por mandato de Washington- antes de verse satisfecho el anhelo de millones de españoles por entrar en la Comunidad Europea. Curiosamente, en el referéndum de 1986 (corroborante del ingreso por la puerta falsa realizado por Leopoldo Calvo Sotelo en 1982 pocos meses después del atemorizador golpe militar de 23 de febrero de 1981), en Canarias, Navarra, Cataluña y País Vasco el voto fue contrario al reingreso. Y en el resto, el conteo de los votos experimentó un apagón electrónico de hora y media.

Habla Garrigues

Antonio Garrigues Walker es un locuaz y nonagenario abogado perteneciente a una influyente saga de letrados que, a través de un bufete paterno, gestionó la expropiación británica y estadounidense de propiedades germanas en España tras la segunda Guerra Mundial. Ya se había convertido antes en el protagonista privilegiado de las relaciones, económico-políticas, entre Madrid y Washington.

Su padre había sido asesor jurídico de Telefónica junto con el abogado y asimismo asesor letrado, José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española. Telefónica estaba estrechamente vinculada a la ITT, multinacional norteamericana de la telefonía. Su representante en España era el ingeniero Roy A. Walker, padre de Helen Anne Walker, madre del letrado Antonio Garrigues, legatario del bufete paterno J&A Garrigues, gran conocedor y nexo cardinal aquí de otras multinacionales como General Electric, Westinghouse, US Steel, IBM, Ford, Pepsi-Cola, Colgate-Palmolive y Avon.

Un Curso de Verano específico

Este abogado, junto con numerosos otros ponentes, ha asistido a un Curso de Verano en San Lorenzo de El Escorial que, sobre asuntos geopolíticos, organiza anualmente el Instituto Español de Estudios Estratégicos del CESEDEN con la Universidad Complutense. Allí, con extrema elegancia, amistoso tono y sin buscar elementos disruptivos –que los hay- numerosos especialistas han abordado, en un curso específico, las relaciones hispano-estadounidenses en el 250º aniversario de la Independencia de Estados Unidos de su metrópolis, Inglaterra, que se celebra este 4 de julio.

Han tratado estos vínculos desde su historia conjunta, tendencias geopolíticas y geoeconómicas, más el futuro de las relaciones, algunos de los exponentes más cualificados en estas materias. El curso ha congregado a expertos de la entidad de diplomáticos como la exministra Ana de Palacio y los embajadores, Javier Rupérez y Santiago Cabana; especialistas en Relaciones Internacionales, como José María de Areilza junior y José Ignacio Torreblanca; responsables de grandes empresas, como Francisco Salcedo, de Microsoft España, bancos, como Alejandra Kindelán, presidenta de la Asociación Española de la Banca; compañías farmacéuticas, como Juan Yermo, de Farmaindustria; Jaime Malet, de la Cámara de Comercio España-EEUU; plataformas sanitarias, como Ana Argelich de MSD; distribuidoras cinematográficas, como Elena Artacho; Eva García, de la Fundación Legacy; José Antonio Gurpegui, del Instituto Franklin; científicos, como Mariano Barbacid; académicos como Juan Luis Cebrián; juristas como Antonio Remiro Brotons; artistas como el pintor Antonio López; profesores, como David García Cantalapiedra; Javier Tebas, presidente de la Liga Profesional de Fútbol; periodistas como Antonio Navalón, la española Pilar Requena y el comentarista político estadounidense, Joshua Treviño, y militares, como el general de División, Antonio Esteban López, con la anfitrionía del Instituto Español de Estudios Estratégicos que dirige el general Víctor Bados Nieto, adscrito al Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional, que dirige el teniente general Miguel Ballenilla García de Gamarra. Pese a todo ello, no parece que el Curso suscitara interés en la Embajada norteamericana en Madrid, pues su jefe de misión no se hallaba presente.

En este foro, Antonio Garrigues Walker, que conversó con el director del CESDEN, sentenció: “una mala relación con Estados Unidos no es buena”, sin precisar dónde se hallaba la causa original de que las relaciones vayan mal. Empero, afirmó “veo a España bien: es un país muy positivo y avanzado, no tengo ningún pesimismo al respecto”. Tras señalar que “Estados Unidos se da mucha importancia” y que “allí la política exterior interesa poco” agregó que “como gran parte de la población de Estados Unidos es hispana, España puede ayudarle mucho en ese terreno”. Dijo también que “Estados Unidos tiene una política exterior poco madurada” y que “tenemos (España) que convencerle de que podemos ser un aliado decisivo”.

A propósito de Europa, Antonio Garrigues Walker resaltó: “hay que explicarles que Europa para ellos es clave y que, sin Europa, Estados Unidos pierde mucho”. Recomendó luego “no tener miedo… convencer a Washington de que somos útiles… y ponerse a trabajar, también en mejorar las relaciones de España con Marruecos pues”, aseguró, “no excluyo que podamos quedar relegados al respecto”, a propósito del rearme norteamericano al régimen de Rabat. El experimentado abogado de las más importantes compañías transnacionales en España, matizó que el poder de Donald Trump “no es total” y remarcó que “la importancia de países como México y Brasil exige mejorar las relaciones mutuas con el país azteca”, al tiempo que destacó la “necesidad de estrechar lazos de España con Portugal”.

Relaciones “maduras y pragmáticas”

El curso geopolítico complutense registró otras intervenciones de gran interés, como la del diplomático Luis Fonseca Sánchez, Director General de América del Norte, Europa Oriental, Asia y Pacífico, del Ministerio español de Asuntos Exteriores. Tras describir el proceso histórico de las relaciones hispano-estadounidenses, con un hito histórico tras el acceso de España a la democracia, Fonseca destacó los objetivos de paz, respeto a los Derechos Humanos y a la multilateralidad del Estado español “en un contexto internacional de fragmentación de consensos”. Hizo hincapié en que las relaciones mutuas son “maduras y pragmáticas” y que “habida cuenta de que Estados Unidos es una poliarquía, se despliegan, asimismo, en los ámbitos federal, estadual y local norteamericanos”; subrayó asimismo que “las políticas públicas de España suscitan el interés de las administraciones estadounidenses, cuyos representantes nos visitan para escucharnos”. Como colofón aseguró que “España es un socio fiable”, con un “perfil de identidad propia” con ascendiente sobre el Mediterráneo, el Norte de África y el Próximo Oriente, clave en la conexión de Estados Unidos con su pilar europeo.

José María de Areilza Carvajal, Doctor en Derecho por la Universidad de Harvard y Profesor de Derecho de la Unión Europea y relaciones Internacionales y titular de la cátedra Jean Monnet, diseccionó pormenorizadamente la política interna y exterior de Estados Unidos, sus contradicciones y expectativas geopolíticas.

Por su parte, el embajador Antonio Núñez García-Saúco disertó sobre la Escuela de Salamanca y su contribución decisiva, a partir del siglo XVII, a la configuración del Derecho Internacional, así como su conexión doctrinal con el surgimiento constitucional a la arena mundial de los Estados Unidos. Recordó los plagios que de aquella gesta ideopolítica hicieron autores que se atribuyeron aquel saber ajeno troquelado por pensadores españoles. La política valenciana, Ana Botella Gómez, responsable de una asociación civil atlantista vinculada a la OTAN, resaltó la dimensión política y cívica de la Alianza Atlántica y añadió que la organización gemela existente en Inglaterra se acaba de disolver después de muchos años de actividad, defección que atribuyó al Brexit.

En otras intervenciones afloraron cuestiones relativas a la balanza comercial, las inversiones mutuas, la presencia de las multinacionales, así como las relativas al décalage estructural existente entre Europa y España, respecto de Estados Unidos, a propósito del déficit de componentes, semiconductores y materiales críticos, necesarios para el desarrollo de la Inteligencia Artificial. Sobre este importante vector puso el acento el Profesor e ingeniero de Telecomunicaciones y de Ingeniería Telemática de la Politécnica madrileña, Gonzalo León Serrano, que acentuó la gravedad de la dependencia existente, extensible también a la dependencia de tierras raras de China.

El Curso fue inaugurado por Teodoro Esteban López Calderón, Almirante General Jefe del Estado Mayor de la Defensa y dirigido por el general de Brigada Víctor Bados Nieto, director del IEEE, que ofició de presentador y moderador. Secretario del Curso lo fue Federico Aznar Fernández Montesinos, capitán de Fragata y analista principal del IEEE. Clausuró el Curso el director del CESDEN, Teniente General Miguel Ballenilla.

«Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939». Por Andrés Vilena. Ediciones del K.O.

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