¿Es normal tener siempre las manos y los pies fríos? Esto es lo que puede indicar

17 de diciembre de 2025
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Frío I Freepik

En la mayoría de estos casos, se trata de una cuestión fisiológica y no de una enfermedad

Sentir frío en las manos y los pies es algo muy común y, en la mayoría de los casos, no supone un problema de salud. Cuando bajan las temperaturas, el cuerpo prioriza mantener calientes los órganos vitales, como el corazón o los pulmones. Para hacerlo, reduce el flujo de sangre hacia las zonas más alejadas, como los dedos. Es una respuesta automática y eficaz, aunque incómoda.

Las manos y los pies tienen poca grasa y apenas músculos grandes que generen calor. Dependen casi por completo de la circulación sanguínea para mantenerse templados. Cuando hace frío o estamos quietos, los vasos sanguíneos se contraen y el calor se escapa con facilidad. Por eso, incluso en ambientes no especialmente fríos, algunas personas sienten las extremidades heladas.

Hay grupos más propensos a notarlo. Las mujeres suelen sentir más frío que los hombres, ya que sus vasos sanguíneos tienden a contraerse antes. Los niños, las personas muy delgadas y los mayores también pueden tener más dificultades para conservar el calor. En la mayoría de estos casos, se trata de una cuestión fisiológica y no de una enfermedad.

Cuándo prestar atención y cómo entrar en calor

Aunque lo habitual es que no sea grave, las manos y los pies fríos pueden, en ocasiones, ser una señal de alerta. Si los dedos cambian de color, se vuelven blancos, azulados o morados, o aparecen dolor intenso, llagas o entumecimiento, conviene consultar con un profesional. Trastornos como el síndrome de Raynaud, problemas circulatorios, alteraciones nerviosas, anemia o hipotiroidismo pueden estar detrás de una sensación de frío persistente.

También es importante fijarse en los cambios. Si nunca habías tenido este problema y aparece de forma repentina o se vuelve mucho más intenso, es mejor no ignorarlo. Algunos medicamentos también influyen en la circulación y pueden provocar este efecto.

Para combatir el frío, la clave no está solo en tapar manos y pies. Mantener el cuerpo entero caliente es mucho más efectivo. Abrigar bien el torso ayuda a que el cerebro no “corte” el riego sanguíneo a las extremidades. Un gorro, una buena chaqueta o varias capas marcan la diferencia.

Moverse es otro gran aliado. Caminar, hacer ejercicio suave o incluso dar pasos en el sitio eleva la frecuencia cardíaca y genera calor interno. En casa, es preferible calentarse de forma gradual, con mantas o ropa cómoda, en lugar de aplicar calor intenso de golpe. Así se protege la circulación y se consigue un alivio más duradero.

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