La vicepresidenta de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), Teresa Cenarro, advierte de que la generalización del uso de pantallas en edades cada vez más tempranas favorece los casos de acoso a través de medios electrónicos:
“La generalización del uso de pantallas en edades cada vez más tempranas y la consiguiente dificultad para vigilar estas conductas, ajenas a la escuela, pero relacionadas con ella por cuanto implican al alumnado, favorecen los casos de acoso a través de medios electrónicos o ciberbullying”
Según explica, en las consultas de Atención Primaria se detectan cada vez más casos de víctimas de ciberacoso. “Más pequeños, desde los 8 años”, precisa. Por ello, la AEPap reclama medidas de detección precoz y prevención desde el inicio del curso, tanto en las familias como en las aulas, según recoge Europa Press.
Un informe del Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar, dependiente del Ministerio de Educación, recoge que hasta un 9,5% del alumnado menor de 12 años ha sufrido acoso escolar en alguna ocasión y un 9,2% ciberacoso. En Secundaria la situación empeora, ya que casi el 20% de los estudiantes declara conductas de acoso.
La AEPap subraya que la dificultad de los menores y de su entorno para comunicar estas situaciones hace que muchas veces pasen desapercibidas. Por ello, pide a familias y docentes estar atentos a señales de alerta.
La pediatra de Atención Primaria del Centro de Salud Villa del Prado (Madrid), Marta Torrejón, explica que algunos signos de que un niño o adolescente es víctima de acoso escolar son claros:
“Empeoramiento del rendimiento escolar; cambios de comportamiento llamativos, que pueden pasar porque el menor esté más irascible; negativa a realizar actividades que previamente le gustaban. En cuanto a los niños con enfermedades crónicas, pueden sufrir una exacerbación”
Cuando el acoso se produce dentro del colegio, “pueden darse hallazgos físicos, como moratones o arañazos, pero también hay que estar atentos a si el material escolar está dañado o desaparece”, añade. También se observan somatizaciones como vómitos, dolor abdominal, cefaleas, angustia o ansiedad. A nivel conductual, aparecen tristeza, mutismo selectivo o timidez extrema.
La doctora Torrejón señala que cualquier menor puede ser víctima, pero existen perfiles más expuestos como los niños con comportamientos extremos (muy impulsivos o muy tímidos). También los expuestos a violencia familiar, con apariencia física fuera de lo habitual, con sobrepeso u obesidad, pertenecientes al colectivo LGTBI+, o con patologías crónicas o de salud mental.
En cuanto a los acosadores, suelen ejercer “un papel de líder negativo del grupo de amigos, incitando a otros compañeros a ejercer también comportamientos de acoso. Muestran falta de remordimiento y falta de empatía”. La pediatra también destaca la figura del “bully-victim”, niños que han sufrido acoso y posteriormente se convierten en acosadores.
Para detectar y manejar estas situaciones, Torrejón aconseja:
“Escuchar de manera abierta y diseñar junto con el niño y, en la medida de lo posible, junto con el centro escolar, un ‘plan de seguridad’, que permitirá al menor ir al colegio tranquilo”
También recomienda guardar “fechas, lugares y personas involucradas como evidencia para documentar el acoso”.
Añade que es importante “buscar ayuda profesional y, si la situación lo requiere, consultar al pediatra de Atención Primaria”, quien podrá valorar la necesidad de derivar a psicólogos u otros especialistas.
Respecto al perfil del acosador, subraya que:
“Lo primero es el reconocimiento del problema y también en estos casos se debe buscar ayuda profesional para trabajar habilidades sociales positivas”
En los casos de ciberbullying, recuerda que hay que contactar con el responsable de la web para eliminar los contenidos vejatorios y vigilar el uso de dispositivos electrónicos de los menores. Concluye que la base de la prevención es la educación en valores, en la familia y en la escuela, trabajando “el respeto y la aceptación de lo diferente”.