El Real Madrid logró una victoria tan necesaria como incómoda frente al Deportivo Alavés (2-1) en el Santiago Bernabéu. Más allá de los tres puntos, el partido dejó una sensación clara: el equipo blanco sigue viviendo un momento de tensión tras su reciente eliminación europea, y la grada no dudó en hacerlo notar.
Desde el inicio, el ambiente fue frío. Los pitos acompañaron a varios jugadores, señalados por la afición en una noche donde la exigencia era máxima. El equipo dominaba el balón, pero le faltaba profundidad y claridad en ataque. Mientras tanto, el Alavés se mostraba ordenado y peligroso en sus primeras llegadas, generando incluso las primeras ocasiones claras del encuentro.
El partido parecía atascarse hasta que apareció Kylian Mbappé. Su gol, con algo de fortuna tras un rebote, rompió el bloqueo y dio oxígeno al conjunto blanco. A partir de ahí, el Madrid mejoró tímidamente, aunque sin terminar de convencer a una grada que seguía mostrando su descontento.
En medio de ese ambiente, también destacó la figura de Jude Bellingham, uno de los pocos que aportó energía y movilidad en ataque. Sin embargo, el equipo seguía lejos de su mejor versión, y el descanso llegó con la sensación de que el resultado era más importante que el juego.
La segunda parte trajo una mejor cara del Real Madrid, aunque el contexto emocional seguía siendo complicado. Fue entonces cuando apareció Vinícius Júnior con un golazo desde fuera del área que amplió la ventaja y, al mismo tiempo, cambió el ambiente del estadio.
El brasileño, consciente de las críticas, pidió perdón a la grada en su celebración antes de besar el escudo. Un gesto que reflejó la conexión, a veces frágil, entre el jugador y la afición. Ese tanto parecía cerrar el partido, pero el fútbol, como siempre, guardaba un último giro.
El Alavés no bajó los brazos y, ya en el tramo final, logró recortar distancias con un gol de Toni Martínez. El tanto llegó en el descuento y añadió algo de incertidumbre a un duelo que el Madrid parecía tener controlado. Aun así, los tres puntos no se escaparon.
Más allá del resultado, el partido dejó varias lecturas. Por un lado, la necesidad del equipo de recuperar su confianza y su mejor nivel. Por otro, el papel de una afición que, fiel a su exigencia histórica, no perdona los momentos de debilidad.
El triunfo permite al Madrid cortar su mala racha y seguir en la pelea liguera, aunque todavía a cierta distancia del liderato. Sin embargo, la sensación es que el equipo necesita algo más que resultados: necesita reencontrarse consigo mismo.