El Departamento de Seguridad Nacional ha publicado un informe detallado sobre la situación en el Estrecho de Gibraltar en el año 2025, reconociendo la existencia de más de 600 embarcaciones tipo go-fast dedicadas al narcotráfico. Este documento surge en un clima de alta tensión tras la reciente muerte de dos guardias civiles en Huelva, quienes fallecieron mientras perseguían una de estas potentes lanchas.
El Ejecutivo destaca un cambio preocupante en la actitud de las organizaciones criminales, señalando una mayor agresividad y «capacidad ofensiva» hacia las Fuerzas de Seguridad. Según el texto, los narcotraficantes ya no solo huyen, sino que embisten deliberadamente vehículos y patrulleras para evitar la pérdida de la droga, recurriendo incluso al uso de armas de guerra durante los enfrentamientos.
El informe advierte de que tanto el Estrecho como el eje Canarias-Atlántico son zonas de «vulnerabilidad creciente» para la seguridad del Estado. Durante el último año, se ha observado una reactivación de la ruta del hachís desde Marruecos, donde grandes cantidades de sustancia son ocultadas en camiones que parten desde Andalucía con destino a Francia y al resto del continente europeo.
La presión policial en puntos calientes tradicionales como el Campo de Gibraltar y el río Guadalquivir ha forzado a los narcos a mover su logística. Este desplazamiento ha convertido a la provincia de Huelva, el río Guadiana y la zona del Algarve portugués en nuevas áreas de influencia, detectándose incluso alijos en puntos tan lejanos como las costas del sur de Francia e Italia.
Sobre el modus operandi, las autoridades subrayan el incremento en las incautaciones de combustible destinado a abastecer a las lanchas en alta mar. Además, se detalla la consolidación de la «ruta atlántica del hachís», donde la droga viaja desde Marruecos hacia países del sur de África como Senegal o Guinea, para luego ser transportada por tierra a través del Sahel hasta Libia y Oriente Próximo.
El informe revela nuevas estrategias financieras y logísticas de los clanes, como el uso de «trueques» entre cocaína y hachís para dificultar el rastreo del dinero. Esta técnica permite que una misma embarcación optimice sus viajes entre continentes, intercambiando cargamentos en puntos estratégicos y complicando enormemente las labores de inteligencia y seguimiento de los capitales ilícitos.