El Gobierno proyecta 6500 hectáreas de regadío al norte de Granada para frenar el avance del desierto

24 de marzo de 2026
2 minutos de lectura

El impulso al regadío en la comarca de Baza busca garantizar la sostenibilidad agrícola, frenar la desertificación y ofrecer nuevas oportunidades a miles de familias rurales

El norte de la provincia de Granada, especialmente la comarca de Baza, lleva años enfrentándose a un desafío silencioso pero constante: la desertificación. La falta de agua, el abandono de tierras y las condiciones climáticas cada vez más extremas han puesto en riesgo la continuidad de la actividad agrícola. En este contexto, el nuevo impulso del Gobierno para desarrollar más de 6.500 hectáreas de regadío supone una esperanza real para el territorio.

La iniciativa, impulsada junto a la comunidad de regantes del Negratín, plantea aprovechar los recursos hídricos del embalse para transformar el modelo agrícola de la zona. No se trata solo de llevar agua a los campos, sino de garantizar un futuro más estable para miles de familias que dependen directamente de la tierra.

Agua para sostener el territorio

El proyecto contempla la distribución de 18,5 hectómetros cúbicos de agua procedentes del embalse del Negratín, en línea con la planificación hidrológica del Guadalquivir. Este recurso permitirá sustituir los sistemas actuales de extracción subterránea, muchos de ellos insostenibles, por un modelo más equilibrado y respetuoso con el entorno.

Más allá de la infraestructura, lo importante es el impacto: mantener la actividad agrícola en una zona especialmente vulnerable. La llegada del regadío no solo mejora la productividad, sino que también permite diversificar cultivos y reducir la dependencia de condiciones climáticas adversas.

Además, este cambio contribuirá a la recuperación de acuíferos, actualmente en mal estado, al disminuir la presión sobre las aguas subterráneas. Es un paso hacia una gestión más responsable del agua, un recurso cada vez más valioso en el sur de España.

Futuro rural y oportunidades

Detrás de este proyecto hay algo más que cifras: hay personas. Más de 2.500 familias y unos 3.000 comuneros se verán directamente beneficiados por esta transformación. Para muchos, supone la posibilidad de seguir viviendo en su tierra, evitando el abandono rural y el envejecimiento de la población.

La modernización del regadío también abre la puerta a nuevas oportunidades. Cultivos más rentables, innovación en técnicas agrícolas y generación de empleo son algunas de las consecuencias esperadas. En un momento en el que el mundo rural busca reinventarse, iniciativas como esta resultan clave.

Además, el proyecto encaja dentro de los objetivos del llamado reto demográfico, apostando por fijar población en zonas con riesgo de despoblación. La agricultura, en este sentido, vuelve a posicionarse como un motor económico y social imprescindible.

En definitiva, esta actuación no solo busca frenar el avance del desierto, sino también construir un modelo agrícola más sostenible, resiliente y humano. Porque cuidar la tierra es, en el fondo, cuidar a quienes viven de ella.

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