El ejemplo a los hijos y el mal ciudadano

5 de enero de 2026
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«La palabra convence, pero el ejemplo arrastra.» – San Agustín

Inevitablemente, los hijos van asimilando la conducta de los padres. Nunca un buen ejemplo resulta contraproducente; por el contrario, la fortaleza moral con que se desenvuelven los progenitores constituye el armazón o andamiaje donde los hijos cimientan su estrategia de vida, su modo de ver el mundo y su conducta hacia él. Sin embargo, cuando el entorno primario está viciado por el antiejemplo, forjaremos inevitablemente resentidos, sociópatas o mentirosos compulsivos que verán en la transgresión una norma de supervivencia.

El universo familiar se alimenta de los aportes del padre y de la madre, reforzándose con los aditamentos que recoge de sus miembros. Los hijos emulan conductas porque, en sus etapas iniciales, no poseen el discernimiento necesario para separar lo correcto de lo morboso. Crecen entronizando lo que los padres hacen o dicen de manera tan natural como el respirar; así, se nutren de la bondad o de la maldad sin filtros críticos, configurando su psique a imagen y semejanza de sus modelos referenciales.

Enseñamos a nuestros hijos a caminar, a hablar, a comer, pero equivocadamente también les transmitimos nuestros defectos y nuestras particulares creencias pensando que les hacemos un bien, y a veces les estamos demoliendo la naturaleza transparente con que vinieron al mundo. Estamos configurando en ellos, en nuestros hijos, verdaderos irresponsables, hombres y mujeres sin proyección de lo correcto y de lo respetable, imágenes de una vida de viveza criolla. Devastamos su pureza, dejando en la sociedad clones de un mal ciudadano: de mantenidos, de irreverentes, de personas sin el menor sentido de lo justo y de lo equitativo.

Personas que, justificando su propia esencia, están convencidos de que lo que hacen o dicen es lo que les corresponde en justicia por la habilidad oscura con que pretenden desmembrar el mundo, paseándose en él como los dueños de todo y de todos. Si les damos malos ejemplos a los hijos, estaremos creando criaturas sin respeto a nada ni a nadie, sin respeto al orden social, sin respeto a las leyes; oportunistas e interesados que andarán por la vida haciendo y diciendo lo que les viene en gana, sin prudencia ni el legado de cultura y civilización que la humanidad ha tardado tanto en conseguir. Al ignorar la ética en la crianza, estamos renunciando a los valores necesarios para dejar atrás el estado de barbarie; en fin, estaremos haciendo malos ciudadanos y un futuro bizarro.

«La justicia que se enseña con el inocente para dar ejemplo no es justicia, es un sacrificio pagano en un altar de leyes». – Doctor Crisanto Gregorio León

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