El cine español vive un momento de reconocimiento internacional difícil de ignorar. La película Sirat, dirigida por Oliver Laxe, ha sido nominada a mejor película extranjera en los prestigiosos Premios César, consolidando una trayectoria que no deja de crecer y que confirma que el talento español atraviesa fronteras con fuerza y personalidad.
La nominación en Francia no llega sola. Sirat acumula ya reconocimientos de enorme peso en la industria, sumando candidaturas en los Premios BAFTA, los Premios Óscar y una destacada presencia en los Premios Goya. Este recorrido habla de una obra que conecta con públicos y jurados muy distintos, algo reservado solo a las películas con una voz propia y una mirada honesta, según Europa Press.
Especial mención merece su candidatura al Óscar en el apartado de sonido, donde el trabajo de Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas ha marcado un hito al convertirse en el primer equipo íntegramente femenino nominado en esta categoría. Un logro que no solo reconoce la excelencia técnica, sino que también envía un mensaje poderoso sobre la diversidad y el cambio de paradigma dentro del cine.
Sirat no es una película diseñada para agradar a todos. Su fuerza reside precisamente en su valentía narrativa, en su ritmo pausado y en una sensibilidad que invita a mirar más allá de lo evidente. Esa autenticidad es la que ha terminado por seducir a festivales y academias de todo el mundo.
La 51.ª edición de los premios César se celebrará el próximo 26 de febrero en París, una cita clave para medir el pulso del cine internacional en territorio francés. En la categoría de mejor película extranjera, Sirat competirá con producciones de Brasil, China, Estados Unidos y Noruega, un listado diverso que subraya el alto nivel de la selección.
Más allá de ganar o no el galardón, la presencia de Sirat en los César confirma algo fundamental: el cine español ya no es un invitado ocasional, sino un protagonista respetado. Francia, históricamente exigente con el séptimo arte, reconoce así una obra que apuesta por el riesgo, la emoción contenida y una identidad clara.
Este momento no solo celebra a una película, sino a toda una manera de entender el cine: libre, coherente y profundamente humana. Y eso, pase lo que pase en la gala, ya es una victoria.