El ejercicio bajo condiciones de calor extremo, como el que enfrentan los futbolistas en el actual Mundial, altera significativamente el rendimiento físico. Según Alejandro Maroto, entrenador de Blua de Sanitas, el organismo debe desviar recursos hacia la termorregulación mediante la sudoración y el flujo sanguíneo hacia la piel, lo que resta energía disponible para los músculos y sobrecarga el sistema cardiovascular.
Este fenómeno provoca que el deportista «compita a la vez contra el rival y contra la temperatura», lo cual incrementa rápidamente la frecuencia cardíaca y acelera la deshidratación. Como resultado, la precisión técnica disminuye, la velocidad de los sprints se reduce y el tiempo necesario para la recuperación entre jugadas aumenta, comprometiendo gravemente la eficacia física durante los esfuerzos intensos.
El peligro, sin embargo, no es exclusivo de la élite profesional. Durante el verano, muchas personas cometen el error de mantener rutinas de alta intensidad sin realizar ajustes, lo que puede convertir una actividad saludable en una carga excesiva para el cuerpo. Ignorar estas condiciones ambientales incrementa notablemente el riesgo de sufrir agotamiento, lesiones graves o un peligroso golpe de calor.
Para practicar deporte con seguridad, los especialistas recomiendan adaptar la intensidad desde el inicio, evitar las horas centrales del día y priorizar una hidratación constante antes de sentir sed. Asimismo, sugieren seleccionar cuidadosamente el terreno, evitar la exposición solar directa y optar por prendas técnicas transpirables y de colores claros que faciliten la disipación del calor corporal.
Finalmente, es crucial aprender a escuchar al organismo y detener la actividad ante síntomas de alerta como mareos, náuseas, dolor de cabeza o pérdida de coordinación. «En verano, una sesión inteligente puede consistir en hacer menos volumen, descansar más y terminar con buenas sensaciones», subraya Maroto, enfatizando que la prioridad debe ser la salud por encima de la autoexigencia.