El altar de la esperanza: Cantata por 47 almas

6 de octubre de 2026
1 minuto de lectura

Cantata a José Antonio y a Eva Caval

«El que recibe a un niño como este en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí sino al que me envió». — San Marcos 9:37

En el limpio paisaje donde el sol caribeño besa la constancia,
se levanta un coro puro de voces inocentes.
Es la geografía viva de la patria que despierta,
cuarenta y siete auroras que hoy pronuncian sus nombres
como estrellas nuevas en el firmamento de la gratitud:

Santiago, Camila, Mateo, Isabella, y la luz de Sebastián,
Sofía, Matías, Valentina, que en sus risas van,
Alejandro, Victoria, Samuel, con su andar sereno,
Mariana, Diego, Gabriela, bajo un cielo pleno.

Avanzan en el canto Lucas, Valeria y el tierno Benjamín,
Martina, Daniel, Lucía, un jardín sin fin;
Nicolás, Elena, Emmanuel, promesas de la tierra,
Antonella, Andrés, Saraí, donde la fe se aferra.

Resuenan los pasos de Leonardo, Mia y el noble Samuel,
Fernanda, Joaquín, Daniela, dulces como la miel;
Thiago, Salomé, Maximilian, huellas de candor,
Samantha, Ángel, Miranda, destellos de fulgor.

Y completan el sagrado lienzo de esta hermosa grey:
Ignacio, Romina, Juan, bajo la misma ley,
Paulina, Isaac, Arantza, con la frente en alto,
Aarón, Jimena, Luis, que rompen el asfalto,
junto al dulce porvenir de Alan y Victoria.

¡Oh, José Antonio! ¡Oh, Eva luminosa!
Almas de una altura espiritual que la palabra apenas roza,
seres de una estirpe celestial y trascendente,
que han transformado el pan diario en un puente viviente.

Vuestro desprendimiento no es un simple acto terrenal,
es una liturgia sagrada, un decreto celestial.
A través del salario noble y del aporte oportuno,
habéis cobijado a estos cuarenta y siete, uno a uno.
No entregáis solo el sustento que el cuerpo reclama,
alimentáis el porvenir, encendéis la sagrada llama.

Vuestra generosidad es un río de gracia inagotable,
una obra del espíritu, un milagro palpable.
Que el universo os devuelva en bendiciones infinitas
el amparo sembrado en estas almas benditas.
Mientras haya un niño venezolano que mire al mañana con alegría,
vuestros nombres, José Antonio y Eva, serán sinónimo de luz y poesía.

«De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis».
— San Mateo 25:40

Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor universitario y Broadcaster

Responder

Your email address will not be published.

No olvides...

La pureza de una voz en Lourdes: El ángel que conmovió al vicario de Cristo

«Yo no te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro». — Pensamiento de la Santísima Virgen María…

El laboratorio del poder: cómo la Constitución española regula la responsabilidad penal del presidente

«España se encuentra en una situación de crisis constitucional sin precedentes; el presidente del Gobierno ha cruzado todas las líneas…

El valor de la academia: equidad, rigor y el porvenir de la enseñanza pública

«La educación es el vestido de gala para asistir a la fiesta de la vida, y la escuela el santuario…

Sudoku político: ¡descubre el personaje!

«Los psicópatas sociales y los líderes de un narcisismo extremo son completamente inmunes al remordimiento» El presente texto constituye un ejercicio…