La salud del hígado preocupa cada vez más en Europa. Un amplio estudio internacional revela que cerca del 80% de los adultos mayores de 40 años acumula factores de riesgo vinculados a la enfermedad hepática crónica. Entre los más frecuentes destacan la obesidad, la diabetes y el consumo habitual de alcohol.
El Proyecto LiverScreen analizó a más de 30.000 personas en nueve países europeos. Muchos participantes se consideraban sanos. Sin embargo, los datos muestran otra realidad. Siete de cada diez presentaban factores metabólicos como hipertensión, dislipemia o exceso de peso. Además, más de la mitad reconocía consumir alcohol de forma regular.
El problema no es solo la presencia de estos factores. El riesgo aumenta cuando se combinan. Los especialistas advierten de que esta suma multiplica la probabilidad de desarrollar daño hepático.
La enfermedad hepática avanza de forma lenta. Puede tardar entre 20 y 30 años en dar la cara. Durante ese tiempo no suele provocar síntomas claros. Por eso, muchos pacientes reciben el diagnóstico en fases avanzadas, cuando ya existe cirrosis o incluso cáncer hepático. En esos casos, las opciones se reducen y el trasplante se convierte en la única alternativa para algunos pacientes.
Para evaluar el estado del hígado, los investigadores utilizaron la elastografía transitoria. Es una prueba rápida y no invasiva, similar a una ecografía. Permite medir la rigidez del hígado en pocos minutos. Los resultados detectaron posibles signos de enfermedad en casi un 7% de los participantes. Además, alrededor del 1,6% presentaba fibrosis hepática no diagnosticada. Puede parecer un porcentaje bajo. Sin embargo, en términos de población supone millones de personas.
Los especialistas coinciden en que el gran desafío es el diagnóstico temprano. Si se detecta la enfermedad en fases iniciales, es posible frenar su progresión mediante cambios en el estilo de vida, control metabólico o tratamiento médico específico. El hígado graso, vinculado principalmente a obesidad, diabetes tipo 2 y alcohol, fue responsable de la mayoría de los casos confirmados.
En este contexto, los investigadores han desarrollado herramientas como el LiverRisk Score, una calculadora basada en parámetros clínicos que permite estimar el riesgo individual de padecer enfermedad hepática. El objetivo es implantar un sistema de cribado similar al que ya existe para otros problemas de salud, como el cáncer colorrectal, y detectar a tiempo a quienes tienen daño hepático sin saberlo.
La idea es sencilla pero ambiciosa: identificar a esas “dos personas del vagón de metro” que podrían tener fibrosis sin diagnóstico y ofrecerles seguimiento médico antes de que la enfermedad avance. Para ello, es fundamental la implicación de la Atención Primaria y de las autoridades sanitarias, que deben incorporar estas herramientas de forma sistemática.
El mensaje es claro: la enfermedad hepática no es un problema aislado ni lejano. Está estrechamente ligada a nuestros hábitos diarios. Prevenirla pasa por vigilar el peso, controlar la glucosa, moderar el alcohol y someterse a revisiones médicas periódicas. Detectar a tiempo puede marcar la diferencia entre una patología silenciosa y una enfermedad irreversible.