Don Claudio Sánchez-Albornoz

30 de marzo de 2025
2 minutos de lectura
Don Claudio Sánchez-Albornoz
Don Claudio Sánchez-Albornoz, historiador y político español (1893-1984). /FI

España significó la fuente de su corazón y su palabra, aunque Argentina fue para él la madre verdadera que supo ofrecerle en su universidad la cátedra que merecía

Por vínculos de coincidencia y de servicio, tuve el enorme privilegio de compartir muchas horas en Buenos Aireas con don Claudio Sánchez-albornoz.

Vivía en un piso menor de la calle Anchorena, muy cerca de la avenida Santa Fe, que sigue siendo nervio y solaz de los porteños. Llenos de libros los pasillos, el comedor, los dormitorios… carpetas y libros sostenidos por el andamiaje de las emociones y todos con su nombre reclamado al parpadeo de la luz. Sobre la mesa grande de su despacho, un cuadro de Santa Teresa de Jesús, su paisana entrañable, que miraba fijamente a la Olivetti donde don Claudio, con sólo dos dedos, escribía.

Adoración iba y venía de la cocina a los reclamos del maestro porque tocaba la pastilla del corazón o porque le sentía toser más de la cuenta y le acercaba el vaso de agua en su bandeja. Aprendí de cada una de sus palabras. De sus gestos. De todas sus frases.

Aunque por reflexión y por estudios yo tenía muy claro que el cristianismo superaba cualquier ideología, que no era carne de molde ni alimento de particulares banquetes, lo inexplicablemente entendido en el ideario común señalaba a los republicanos y de izquierdas como muy alejados de la fe y, a los monárquicos y de derechas, crecidos a la orilla de las sacristías. No así en la persona de don Claudio, que fue cristiano sólido, de reverencia y respeto, hidalgo y lámpara del evangelio.

Cuando los reyes don Juan Carlos y doña Sofía visitaron Argentina, en aquella ocasión condecoraron al insigne historiador llevándole a su piso la medalla. Me consta que los reyes festejaron el encuentro con don Claudio y, en una posterior conversación conmigo, le pregunté qué tal le había parecido el rey de España: “Es un muchacho simpático”, me contestó respetuosamente convencido.

Presidente de la República en el exilio

Don Claudio, que fue presidente de la República en el exilio, pudo salvarse de los estertores de la guerra civil al saltar a México desde Portugal, adonde cumplía sus servicios de embajador. No fue don Claudio rencoroso a pesar de lo sufrido. España significó la fuente de su corazón y su palabra, aunque Argentina fue para él la madre verdadera que supo ofrecerle en su universidad la cátedra que merecía: “Donaré a esta gran nación mis apuntes, estudios, originales y libros que he podido rescatar en el trasiego de mi vida… En España se quedarán las fotocopias”.

Aprendí de don Claudio la mejor lección de Historia. Puede que algún día escriba más cosas de él que guardo en la memoria. Termino hoy recordando entre sonrisas el epílogo de la última conversación que tuve con el maestro:

-Quero ser prudente en mis juicios porque a estas alturas de mi vida, creo que Dios me está castigando.

-¿Qué dice, don Claudio?

-Si, sí, ¿no se da cuenta de que ya tengo la misma voz aflautada y poco varonil de Franco.

5 Comments Responder

    • Don Claudio q lastima de circunstancias de tiempos un personaje esos talentos q por una guerra tan penosa cruel por todas las partes se nos fueron los mejores

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