Una tarde que parecía rutinaria se convirtió en una escena de impacto y angustia en el barrio de Can Cantó, en Ibiza. Una explosión registrada en una vivienda de un bloque de protección oficial dejó cuatro personas heridas, dos de ellas en estado crítico, y obligó a evacuar a unas 70 personas que residían en el edificio.
El origen del incidente se sitúa en una vitrocerámica que, al ser encendida, habría provocado una fuerte deflagración. Todo apunta a un posible fallo en la instalación, especialmente en un contexto en el que se estaban realizando obras en el inmueble, incluyendo la sustitución de sistemas de gas por eléctricos. La explosión no solo afectó al piso donde se produjo, sino también a viviendas colindantes e incluso a algunas situadas en plantas superiores.
Entre los heridos se encuentran dos mujeres, de 45 y 21 años, que fueron trasladadas en estado crítico a la Unidad de Cuidados Intensivos. Además, un joven de 23 años permanece en observación, mientras que otra persona, vecina del inmueble cercano, sufrió heridas de carácter leve. La escena en el interior del edificio fue descrita por testigos como caótica, con escombros, cristales rotos y un fuerte olor a humo.
La rápida intervención de los servicios de emergencia resultó clave. Ambulancias, bomberos y agentes de la policía se desplazaron al lugar en cuestión de minutos, activando un dispositivo para atender a los heridos y asegurar la zona. También acudieron autoridades locales para seguir de cerca la evolución del suceso.
Tras la explosión, la prioridad fue garantizar la seguridad de los vecinos. Un total de 70 personas fueron desalojadas de las 23 viviendas del bloque, muchas de ellas sorprendidas por el suceso mientras se encontraban en sus casas. La evacuación se llevó a cabo de forma ordenada, aunque con evidente nerviosismo entre los residentes.
Los bomberos iniciaron poco después labores de limpieza y retirada de escombros, ya que la explosión había proyectado materiales tanto dentro como fuera del edificio. Estas tareas eran fundamentales para poder evaluar los daños estructurales y determinar si las viviendas seguían siendo habitables.
Paralelamente, técnicos especializados y la Policía Científica comenzaron a inspeccionar el inmueble para esclarecer las causas exactas del incidente. También se revisaron las instalaciones de gas y electricidad, en colaboración con la empresa distribuidora, con el objetivo de descartar nuevos riesgos.
Como resultado de estas evaluaciones, varias familias no podrán regresar a sus hogares de inmediato. En concreto, los residentes de las viviendas más afectadas deberán buscar alternativas temporales, mientras se garantiza que el edificio cumple con las condiciones de habitabilidad.
El suceso ha dejado una profunda huella en el vecindario, que ahora intenta recuperar la normalidad tras un episodio tan inesperado como preocupante. Más allá de los daños materiales, lo ocurrido pone de relieve la importancia de extremar las precauciones en instalaciones domésticas, especialmente en contextos de reformas o cambios estructurales.