Cuando un matrimonio duerme, la Policía le revienta la puerta, los encañona desnudos y al rato se percata de que la casa era otra

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Policía
Francisco, en una plaza de su localidad natal de Valdepeñas (Ciudad Real). | Fuente: FI

Francisco y Pilar quieren que el Estado les resarza de este error judicial por las lesiones físicas y psíquicas que sufrieron por parte de la Policía, pero un informe del CGPJ no les da la razón

El matrimonio formado por Francisco de la D. G. y Pilar M. R. nunca olvidará la alucinante noche de perros que vivieron aquella madrugada del 23 de junio. Muy entrada la madrugada, se despertaron de un brinco. Oían estruendosos golpes en la puerta de casa. Y los mazazos no cesaban. En ropa interior, muy asustados, se dirigieron hacia la puerta de entrada. Al otro lado, en el descansillo de un primer piso de la localidad de Valdepeñas (Ciudad Real), se oía barullo, voces y fuertes golpes propinados sobre la cerradura y las bisagras.

Ellos iban a abrir, pero no les dio tiempo. La puerta calló sobre el hombro y el brazo de Pilar. Sin miramiento alguno, los agentes empezaron a gritar: «¡¡¡Policía, Policía, al suelo…!!!». Eran las tantas de la madrugada. Se tumbaron y les encañonaron con pistolas en el suelo.

Es una familia modesta. El hombre vende churros en Valdepeñas. Es muy conocido y querido por los vecinos. Ella también. Así estuvieron hasta que unos diez minutos después uno de los agentes soltó: «Que nos hemos equivocado de vivienda…». En realidad, los malos estaban en otro piso. Iban buscando drogas. Y a un tal Narciso R. C., supuesto traficante de cocaína. Pero el piso 1º A no era donde el juzgado número 2 de Valdepeñas ordenó el registro ante la creencia de que allí se guardaba cocaína y seguramente dinero de la venta de la mercancía. A tenor de lo que decía el juez, la casa de Francisco y Pilar era «el punto de venta de la cocaína que Henry (así figura en el atestado policial) y puede ocultar tanto droga como dinero procedente de su venta y otros efectos”.

Pero el tal Narciso/Henry vivía en realidad en otro piso del mismo bloque. La operación «la realizó el Equipo de Delincuencia Organizada Antidroga de la Sección de Investigación Criminal de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil de Ciudad Real», recalca Francisco en su demanda.

La cosa no quedó en el susto. Pilar tuvo que ser atendida esa noche, y su marido también, en el Hospital de Valdepeñas. Ella, por las lesiones que le causó la puerta. Es decir, aparte de la puerta, los marcos y las pinturas cercanas de paredes, Pilar y su marido necesitaron asistencia psicológica durante más de medio año. Los miedos no se iban: estar dormido, despertar con gritos y mazazos en la puerta, que te lancen al suelo medio desnudo y encañonado con una pistola…

Indemnización incierta

Francisco y Pilar quieren que el Estado les resarza de este error judicial. Piden 9.179 euros por las lesiones físicas y psíquicas, para ella, y 14.500 euros para él. Y otros 51.800 para ambos por los daños morales y materiales, y legales.

Este asunto ha llegado al Ministerio de Justicia, merced a una demanda de Francisco, y aquél lo ha remitido al órgano que gobierna a los jueces, el Consejo del Poder Judicial. Y este, en un informe al que ha tenido acceso FUENTES INFORMADAS, no les da la razón. Dice el Poder Judicial que no está acreditado por parte de Francisco que la irrupción en su casa existiese. Es decir, que solo consta un documento en el que los agentes dicen haber cumplimentado el registro en la vivienda… de Valdepeñas que ordenó el juez. Después del error fueron, certeramente, a la vivienda del tal Narciso.

La última palabra sobre si debe ser indemnizado la tiene Justicia

Este caso es muy similar a otro -en realidad los registros erróneos están a la orden del día entre las quejas más voluminosas de las que llegan a Justicia por clamorosas equivocaciones en registros a viviendas- que sufrió una modesta familia de Puente Genil (Córdoba).

Fue muy parecido, en el caso de Puente Genil también arrancaron la puerta, y al matrimonio y a un hijo que vivía con ellos, les arrojaron al suelo encoñados, sobre las seis de la madrugada. Ella, recién operada de una hernia, tuvo que ser intervenida más tarde por las lesiones que sufrió al echarse al sueño encañonada. Justicia les indemnizó con unos 900 euros para poner la puerta. Estuvieron un año viviendo en la casa sin poder cerrar la puerta. No tenían para ponerla. Aún están de pleitos con el Ministerio de Justicia. Ven injustos los 900 euros.

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