Las altas temperaturas estivales alteran la capacidad del cuerpo para regular su temperatura interna, dificultando la conciliación del sueño y provocando despertares más frecuentes durante la noche.
Para mitigar este problema, los expertos aconsejan priorizar alimentos ligeros y ricos en agua como el calabacín o el tomate, además de incorporar nutrientes relajantes como el magnesio y el triptófano presentes en el plátano o los frutos secos.
Conviene evitar las cenas copiosas, los fritos, las salsas pesadas y el picante, ya que ralentizan la digestión y aumentan la sensación de calor interno, dificultando el descanso reparador.
En el caso de las personas mayores, cuidar las pautas de hidratación diurna y ofrecer cenas ligeras y apetecibles resulta fundamental para evitar el cansancio acumulado, la irritabilidad y los problemas de equilibrio.
Entre los consejos prácticos destacan cenar al menos dos horas antes de acostarse, mantener una hidratación repartida a lo largo de todo el día y evitar el consumo de alcohol y estimulantes por la tarde-noche.