Durante décadas, las empresas estadounidenses trasladaron parte de su producción a China atraídas por unos costes más bajos y una capacidad industrial difícil de igualar. Sin embargo, la relación tecnológica entre ambas potencias atraviesa ahora una transformación que preocupa cada vez más a Washington.
El gigante chino de las baterías CATL, considerado el mayor fabricante mundial del sector, se ha convertido en uno de los símbolos de este cambio. Desde sus instalaciones, donde se desarrollan y ensamblan algunas de las baterías más avanzadas del mercado, la compañía representa el salto de China desde la fabricación de bajo coste hacia la innovación tecnológica de vanguardia.
La empresa asegura haber desarrollado una batería capaz de proporcionar hasta 400 kilómetros de autonomía tras menos de diez minutos de carga, una cifra que supera ampliamente los tiempos habituales de recarga de muchos vehículos eléctricos actuales. Su tecnología alimenta ya millones de coches eléctricos producidos en China y exportados a mercados de todo el mundo.
La evolución de compañías como CATL refleja una tendencia más amplia. Sectores estratégicos como las baterías, los paneles solares, las tierras raras o las ciencias biológicas han pasado a estar dominados en gran medida por empresas chinas, que han reducido e incluso superado la ventaja tecnológica que durante años mantuvieron las compañías estadounidenses.
Desde Pekín defienden estos avances como el resultado de décadas de inversión industrial y desarrollo tecnológico. Sin embargo, en Estados Unidos crece la preocupación por la creciente dependencia de productos y tecnologías procedentes de China.
Responsables políticos y expertos estadounidenses alertan de que el dominio chino sobre determinadas cadenas de suministro estratégicas podría convertirse en una herramienta de presión geopolítica. Las tensiones comerciales de los últimos meses han alimentado esos temores, especialmente después de que Pekín restringiera exportaciones de minerales considerados esenciales para industrias tecnológicas y energéticas.
La inquietud también se extiende al sector farmacéutico y a otras industrias críticas, donde China ha consolidado una posición dominante que podría otorgarle una influencia significativa sobre los mercados internacionales.
Pese a las tensiones entre ambos países, CATL no oculta su interés por el mercado estadounidense. La compañía considera que Estados Unidos sigue siendo uno de los mayores destinos potenciales para la expansión de sus tecnologías, especialmente en un momento en el que la electrificación del transporte gana peso a escala global.
La batalla ya no se libra únicamente en el terreno comercial. El liderazgo tecnológico se ha convertido en uno de los principales frentes de la rivalidad entre Washington y China, con las baterías como uno de los sectores que mejor ilustran el cambio de equilibrio entre las dos mayores economías del mundo.