Los vecinos de Carabanchel Bajo, uno de los barrios más pobres de Madrid, celebraron con júbilo la inesperada visita del rey Felipe VI y su familia al completo a la procesión de El Silencio de este popular barrios madrileño, que todos los Viernes Santo saca en desfile las imágenes de La Piedad, la Soledad, Nuestra Señora delos Dolores, Cristo de la Misericordia, Cristo Yacente y el Nazareno.
Con todo, es una procesión muy humilde, con triste analogía con la economía de la mayoría de los vecinos.
La presencia inesperada del Rey, Letizia y sus hijas, y de que el Monarca haya preferido, en lugar del boato de las procesiones del centro de la capital, estar con las familias humildes en la semana más excelsa de la comunidad católica.
Al ver los vecinos a los Reyes, de incógnito, sin prensa, de forma espontánea y discreta seguridad, los fieles rompieron el silencio e irrumpieron en aplausos y vítores a ellos y a España.
Los Reyes y sus hijas hablaron distendidamente con los vecinos. Uno de ellos, desde varios metros, le pidió al Rey poder darle la mano. Su majestad le comentó: «Acérquese» y le dio la mano. Los Monarcas se fundieron con los vecinos al paso de los tambores.
Este feligrés le agradeció, como otros muchos, que hubiese querido acercar a la humilde profesión de uno de los barrios más pobres de la capital, donde la población hispana, también creyente, ocupa buena parte del barrio.

En media España salieron anoche procesiones de Semana Santa, que concluirá el domingo de Resurrección, como la del El Sepulcro y La Soledad, que ocupa una página especial dentro de la popular Semana Santa de Guadix, Granada, a la que pertenece la imagen que encabeza este párrafo.