La violencia vuelve a golpear con fuerza a la población civil en la Franja de Gaza. El balance de víctimas mortales por los bombardeos ejecutados el jueves por Israel ha aumentado a 14 personas fallecidas, entre ellas cinco niños, según han confirmado fuentes médicas locales. Todo ello ocurre pese a que sigue vigente un alto el fuego que entró en vigor el pasado 10 de octubre de 2025, una tregua cada vez más frágil y cuestionada.
Los ataques alcanzaron distintos puntos del territorio gazatí, dejando escenas de destrucción y dolor. Una de las zonas más afectadas fue el campamento de refugiados de Al Bureij, en el centro de Gaza, donde una vivienda situada cerca de una mezquita quedó completamente arrasada. También se registraron bombardeos contra un almacén y una tienda en la ciudad de Gaza, al norte, así como en la zona de Al Mauasi, próxima a Jan Yunis, en el sur.
Las cifras, confirmadas por personal sanitario, reflejan una realidad aún más dura. Las autoridades locales advierten de que varias víctimas continúan bajo los escombros o permanecen en las calles sin poder ser atendidas. La falta de acceso seguro impide que ambulancias y equipos de Protección Civil lleguen a todas las zonas afectadas, lo que hace temer que el número de fallecidos pueda aumentar en las próximas horas.
Cada nueva cifra esconde una historia truncada. Familias enteras han perdido a sus seres queridos mientras dormían o trataban de refugiarse. La muerte de niños vuelve a sacudir la conciencia internacional y refuerza la sensación de que la población civil sigue pagando el precio más alto de un conflicto que no encuentra salida, según Europa Press.
Por su parte, el Ejército israelí ha defendido los bombardeos asegurando que iban dirigidos contra “infraestructuras terroristas” del Hamás. Según su versión, los ataques se produjeron tras detectar el lanzamiento fallido de un proyectil hacia territorio israelí y tenían como objetivo puntos de lanzamiento, combatientes y otras instalaciones militares, tanto en el norte como en el sur de Gaza.
Sin embargo, desde las autoridades gazatíes se insiste en que el impacto real de los ataques recae sobre la población civil. Los datos oficiales elevan a 71.395 los muertos y a 171.287 los heridos desde el inicio de la ofensiva israelí. Solo desde el alto el fuego del 10 de octubre, se contabilizan 425 fallecidos y más de 1.200 heridos, cifras que cuestionan la efectividad real de la tregua.
Mientras tanto, la vida cotidiana en Gaza sigue marcada por el miedo, la escasez y la incertidumbre. Cada explosión rompe la esperanza de estabilidad y refuerza la sensación de abandono. La comunidad internacional observa, pero para quienes viven bajo las bombas, el conflicto no es una noticia: es una realidad diaria que sigue arrebatando vidas y futuro.