La visita de Antonio Banderas a El Hormiguero dejó una noche cargada de cercanía, humor y reflexiones íntimas. El actor y productor malagueño regresó al programa de Antena 3 no solo para hablar de su último proyecto teatral, sino también para compartir anécdotas personales que mostraron su faceta más humana, alejada del foco de Hollywood y más conectada con el día a día.
Banderas acudió al plató para presentar su adaptación del musical Godspell, que llegará al Gran Teatro Pavón a partir del 21 de enero. El proyecto, que ya se ha representado con éxito en Málaga, refleja el compromiso del actor con el teatro y con la formación de nuevas generaciones de intérpretes.
Durante la conversación con Pablo Motos, Banderas explicó cómo vive el proceso creativo desde dentro. Reconoció que ha asistido a decenas de funciones y que suele sentarse entre el público con una libreta para anotar detalles, matices y posibles mejoras. Para él, el teatro es un organismo vivo que nunca se da por terminado. “Me gusta mantener a la compañía activa y alerta”, confesó entre risas, consciente de que esa exigencia también genera nervios entre los actores.
Lejos de la imagen distante del productor, Banderas quiso destacar el talento del elenco joven con el que trabaja. Defendió que se trata de uno de los mejores repartos del teatro musical que se han visto en España, una afirmación que subraya su apuesta por la calidad artística y el rigor profesional. El teatro, para él, no es solo un escenario, sino un espacio de aprendizaje continuo y entrega absoluta.
Más allá de lo profesional, la entrevista dio paso a un momento especialmente personal cuando surgió una pregunta inesperada: si era cierto que había trabajado el día de la boda de su hija, Stella. Banderas no esquivó la cuestión y respondió con naturalidad. Confirmó que sí, que estuvo trabajando, aunque por teléfono, manteniendo el contacto con el equipo que se había quedado en Málaga durante los ensayos.
El actor explicó que tuvo que ausentarse varios días del proceso creativo y que esa comunicación constante fue su manera de no perder el hilo del proyecto. Lejos de generar conflicto, la anécdota mostró el equilibrio —a veces complicado— entre la vocación profesional y la vida familiar.
También tuvo palabras emotivas al describir la boda. Contó que no fue una celebración tradicional, sino un enlace íntimo y muy cuidado, celebrado en una iglesia del siglo XII desconsagrada, un lugar cargado de historia. Para su hija, casarse en España tenía un valor especial, ya que nació aquí y mantiene un fuerte vínculo con el país. Ese detalle emocionó a Banderas, que habló con orgullo y ternura de su familia.
La visita dejó claro que Antonio Banderas atraviesa un momento de plenitud. Comprometido con el teatro, exigente consigo mismo y profundamente conectado con los suyos, el actor mostró que, más allá del éxito internacional, sigue guiándose por la pasión, el trabajo constante y el amor por sus raíces.