Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) han demostrado que el análisis del movimiento al batir un huevo, monitorizado a través de un reloj inteligente, permite evaluar eficazmente las alteraciones motoras asociadas a la enfermedad de Parkinson. Mediante el uso de sensores inerciales y técnicas de aprendizaje automático, el sistema es capaz de identificar patrones clínicos como la bradicinesia, caracterizada por movimientos más lentos y una menor amplitud de oscilación.
El estudio, publicado en Technologies, se llevó a cabo con 38 participantes —22 pacientes con Parkinson y 16 personas sin la enfermedad—, quienes realizaron la tarea tanto en sesiones supervisadas como en sus propios domicilios. Los resultados han sido notablemente precisos: el modelo de inteligencia artificial alcanzó una eficacia del 91,1% en entornos controlados y mantuvo un 87,8% de precisión en condiciones reales, superando uno de los principales retos de la salud digital: la fiabilidad fuera del laboratorio.
La elección de esta actividad cotidiana no es aleatoria; cocinar requiere movimientos repetitivos de flexo-extensión y rotación de muñeca que son fundamentales para detectar las primeras dificultades motoras que muchos pacientes identifican en su vida diaria. Además, esta tarea se utiliza habitualmente en terapia ocupacional, lo que la convierte en una herramienta natural y reproducible que permite estudiar los síntomas motores de forma cercana a la experiencia real del enfermo.
Esta tecnología no busca sustituir la valoración clínica tradicional, sino complementarla. Al proporcionar un seguimiento longitudinal del paciente en su entorno habitual, este sistema podría reducir la necesidad de desplazamientos constantes a consultas y ofrecer a los facultativos información objetiva sobre la evolución de los síntomas, que a menudo fluctúan debido a variables situacionales.
A pesar de estos resultados prometedores, los autores del estudio subrayan que la investigación aún se encuentra en una fase de desarrollo. Antes de plantear una aplicación clínica generalizada, será necesario realizar nuevos estudios con cohortes más amplias y diversas que confirmen la validez de este método como una herramienta fiable para mejorar la calidad de vida y el seguimiento de las personas con Parkinson.