El Tribunal Supremo parece haber determinado que un beso en la mano de una señora sin su consentimiento puede ser considerado como una agresión sexual y mucho más si, supuestamente, ese beso tiene intenciones sexuales. Según estos puritanismos, desde ahora al acercarse a una dama hay que preguntarle si consiente un beso en la mano y, si es afirmativa su respuesta, jurarle que no se quiere ir más allá, aunque ¿quién puede adivinar las intenciones?… El Tribunal Supremo, faro y recurso de las injusticias, ha renovado mi frustración de hombre pensante.
Ya en el siglo XVI el padre Francisco de Osuna hablaba de la intensidad responsable de los besos que se inician en el pie (a sus pies, señora) y que van escalando posiciones de intimidad pasando por las manos y las mejillas hasta llegar a la boca. Y ni la Inquisición se atrevió a contradecirle.
…Hoy es Jueves Santo, día del amor fraterno, y recelo en tan excelsa jornada, de salir a la calle para darle un beso a alguien sin su consentimiento. Sugiero que llevemos un visible cartelito en la mano que diga “Consiento” o “No consiento” y de esa manera podamos quedarnos más tranquilos.
Pedro Villarejo