El sector aéreo europeo se enfrenta a una cuenta atrás crítica. Según las estimaciones de ACI Europe, la división europea del Consejo Internacional de Aeropuertos, la Unión Europea sufrirá una escasez generalizada de combustible para aviones si el tránsito por el estrecho de Ormuz no se restablece en los próximos 21 días. El bloqueo, provocado por Irán tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel, ha puesto en jaque la operatividad de los aeropuertos del continente.
Ante esta situación, el director general de ACI Europe, Olivier Jankovac, ha enviado una carta urgente a los comisarios europeos de Energía y Transporte. En la misiva, Jankovac traslada su profunda preocupación por la disponibilidad de suministros y exige a la Comisión Europea que adopte medidas «de forma proactiva». La patronal aeroportuaria subraya que es «fundamental» realizar un mapeo y seguimiento exhaustivo de la producción y las reservas actuales dentro de la Unión.
Para evitar el colapso, ACI plantea que Bruselas debe identificar fuentes de importación alternativas y aumentar la capacidad de refinado interna. Según Jankovac, en una crisis de esta magnitud «confiar únicamente en las fuerzas del mercado no es una opción». Por ello, propone medidas extraordinarias como la suspensión de restricciones normativas para la importación, la compra colectiva de combustible por parte de la UE y la imposición de obligaciones a las refinerías para priorizar la producción de queroseno.
La crisis ha reabierto el debate sobre la vulnerabilidad energética de Europa. La patronal recuerda que este conflicto ha puesto de manifiesto la «grave dependencia» de la UE respecto a las importaciones exteriores y su limitada capacidad de refino. Abordar esta soberanía energética se considera ahora una prioridad absoluta para garantizar que el transporte aéreo no sea rehén de la inestabilidad geopolítica en Oriente Próximo.
No obstante, ACI Europe ve en este escenario una «oportunidad» para acelerar la transición hacia el combustible sostenible de aviación (SAF). Jankovac propone que la crisis sirva de impulso para potenciar la autonomía estratégica europea, sugiriendo que parte de las primas de las ventas de combustible convencional se destinen obligatoriamente a financiar la producción de alternativas sostenibles producidas en suelo comunitario.