Ahora, que estaba yo buscando fórmulas para que no me doliera tanto la vulgaridad, la señora vicepresidenta primera deja la categoría de su ministerio para ser candidata a la Junta de Andalucía; precisamente en esta soledad de gasolinas, cuando más indispensable es el amparo de su grito y mejor puede encajar su aspaviento de hechicera.
Un par de meses le quedan para afinar su vocabulario y sus maneras a una tierra donde Aleixandre, García Lorca, Cernuda, Juan Ramón, los Machado… siguen vigilando desde el cielo la calidad de sus palabras.
Ha iniciado su campaña la señora recordándonos que ella, la mujer más poderosa en el espectro monclovita, ha tenido la delicadeza de descender hasta nosotros para hacernos el favor de que podamos votarla, si la inteligencia de los andaluces es capaz de discernir la valía de sus emprendimientos. Ha sido tan generosa en su decisión que nos ha preferido a ultimar los Presupuestos Generales del Estado… no le caben más méritos.
El Palacio de San Telmo, señora, aguarda el contoneo de su elegancia.
Pedro Villarejo