En uno de sus brillantes artículos, Luis Ventoso maltrata blandamente a PNV, Junts, ERC y BNG llamándoles cavernícolas. Sabe el articulista con seguridad que las cavernas de quienes él llama cavernícolas tienen aire acondicionado, plazas de garaje, salas de gimnasia y todo lo moderno y relevante que hoy pueda apetecerse en la llamada sociedad del bienestar. Más que picar piedra, picotean de aquí y de allá las suculentas migajas que van cayendo de lo establecido por ley, según votantes y compromisos.
En la tercera estrofa de la Llama de Amor Viva, que seguramente el señor Rufián se sabe de memoria, San Juan de la Cruz escribe sobre las “cavernas profundas del sentido, que estaba oscuro y ciego”. Estas cavernas para el santo son memoria, entendimiento y voluntad. Y son profundas porque estas potencias se duelen y lamentan cuando descubren que se les acaba, o tienen muy mermado, el sustento y el nivel que los abriga, define y acaudala.
La memoria, el entendimiento y la voluntad son insaciables, cada vez quieren más, pero con prudencia de que no se llenen hasta el borde las cisternas de sus apetitos. Así está bien. Nunca pretendamos alcanzar el todo, que mejores cavernas no vamos a encontrar.
Pedro Villarejo