Este viernes 11 de septiembre llega a Netflix Gracias, equipo, una comedia que utiliza el humor para retratar la precariedad y las contradicciones del mundo laboral. La película sigue a un grupo de empleados que participa en un retiro empresarial presentado como una actividad de team building, pero que acaba convirtiéndose en una lucha por conservar sus puestos de trabajo. Para Maribel Verdú, la situación podría ser perfectamente «una peli de terror», porque, como asegura, «la realidad supera a la ficción siempre».
La película también pone el foco en la creciente presión por ser productivos de forma permanente. Alexandra Jiménez critica una cultura empresarial basada en la idea de que cuanto más se trabaja, mayor será la recompensa, algo que considera una «presión añadida por no parar nunca la maquinaria y por ser hiperproductivo». La actriz cuestiona además la jerga corporativa y la distancia entre sus conceptos y la realidad cotidiana de los trabajadores.
La falta de conciliación laboral ocupa otro de los ejes de la historia. El personaje interpretado por Jiménez regresa al trabajo después de una baja por maternidad y descubre que recuperar la normalidad es prácticamente imposible. Sus compañeras resumen la situación con una frase contundente: «La conciliación no existe; son los abuelos». La actriz denuncia que «estructuralmente no hay ningún plan establecido» para facilitar la conciliación ni parece existir suficiente voluntad para desarrollarlo.
El retiro empresarial que centra la película termina revelándose como una estrategia para decidir quién mantiene su empleo. Blanca Martínez denuncia que a los trabajadores «les hacen creer que van a heredar la empresa» mientras se les enfrenta entre ellos para aumentar su rendimiento. Raúl Tejón profundiza en esa crítica al señalar que «a la empresa tú le importas tanto como le puedas dar», ya que cuando un trabajador deja de ser útil, «a la empresa no le importa tu vida y si te quedas en la calle».
Con una mirada satírica, Gracias, equipo cuestiona así la transformación del trabajo en un espacio de control emocional y explotación disfrazada de compañerismo. Al ser preguntados por las palabras que eliminarían de la jerga empresarial, Pedro Casablanc señala «familia», por su uso para presentar a las empresas como si fueran hogares, mientras que Maribel Verdú elige «abuso de poder»: «Nadie la dice, pero eso hay mucho», sentencia.