En el trabajo, en la escuela, en la universidad o en cualquier escenario social, existen individuos que tienen seguidores; unos son líderes puros y otros son líderes perversos o «antilíderes». En este último caso, el salón de clases se convierte en un espacio donde al profesor le conviene acallar al líder natural para sustituirlo por quien responda fielmente a sus maquinaciones.
La propia significación que envuelve en puridad el vocablo «líder» nos alerta ante situaciones que, por argumento de apariencia, presentan características de liderazgo pero que no son sino reflejos de una perversión o una acomodaticia manera en la que una sola persona controla las conductas de otras por efecto de un engaño. Allí, los intereses inconfesables de un individuo privan sobre los objetivos colectivos, según sea el caso.
Es una perversión que nada tiene que ver con la esencia de un líder genuino; si bien el liderazgo puede nacer de forma espontánea, el antilíder es frecuentemente fabricado y controlado por fuerzas extragrupales, perdiendo así su naturaleza ética. Hay a quienes les conviene «sembrar» estos falsos líderes para destruir liderazgos naturales que entorpezcan sus estatus o sus privilegios. El mánager de este líder artificial suele ser fácil de detectar, pues dirige a su pupilo según intereses creados, convirtiéndolo en un títere o marioneta que solo repite palabras ajenas.
Frente a estas situaciones de poder, es prudente reflexionar sobre la honestidad del líder. Un liderazgo que no emerge espontáneamente o que, por el contrario, es producto de una conciencia infiltrada, no es un liderazgo real, sino uno que ha sido confeccionado. ¿En alguna oportunidad ha sentido que está siendo estafado porque alguien habla por ti pero lo que escuchas es el pensamiento del jefe del líder? Si es así, mantente alerta. Toda relación entre líderes y liderados debe ser un esquema de «ganar-ganar»; si el presunto líder solo busca el provecho propio, entonces tu líder no es más que una trampa en la que has caído.
«La educación no necesita marionetas que repitan consignas, sino conciencias libres que busquen la virtud». Crisanto Gregorio León.
Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario