La psiquiatra Ana Fernández Villar advierte de una realidad poco visible: el suicidio entre personas mayores. Según explica, la soledad no deseada y el envejecimiento incapacitante están detrás de buena parte de estos casos.
Fernández Villar coordina el Área de Salud Mental de la Fundación Hospitalarias Cantabria. Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se celebra este jueves, pide no dejar de lado este problema entre los mayores.
La especialista lo describe como una realidad poco evidenciada, que requiere atención y esfuerzos específicos para abordarla. Además del aislamiento no deseado, señala el envejecimiento incapacitante como otro de los factores que puede desencadenarla.
De forma más general, Fernández Villar explica que múltiples factores pueden llevar a una persona a quitarse la vida. Habla de un sufrimiento profundo y de un deseo que no es tanto morir como dejar de vivir en esas condiciones.
Entre las causas que menciona están la desesperanza, la soledad no deseada, el dolor físico y los trastornos mentales graves. Según su experiencia clínica, el perfil de quien llega a consulta con ideación suicida ha cambiado en los últimos años: ahora es más habitual encontrar a personas relativamente jóvenes, a veces sin ningún trastorno mental diagnosticado, pero atravesando una crisis vital repentina.
La psiquiatra relaciona ese cambio con varios factores. Entre ellos, la soledad percibida entre los jóvenes, vinculada al papel de las redes sociales y a los cambios en la estructura familiar. También menciona la impulsividad asociada al consumo de sustancias y la pérdida de sentido vital, tanto en jóvenes como en adultos.
Fernández Villar defiende que el suicidio se puede prevenir. El primer paso, explica, es atreverse a preguntar directamente si la persona ha pensado que, para vivir así, prefiere no seguir viviendo.
Recomienda hacerlo desde una actitud de escucha, sin juicios ni valoraciones previas. Después, considera oportuno buscar ayuda profesional, ya sea de psiquiatría o de psicología.
La especialista destaca varias señales de riesgo: conflictos interpersonales, pérdidas recientes, diagnósticos médicos graves y situaciones de crisis aguda. También pide prestar atención a otros cambios de conducta.
Entre ellos, menciona resolver asuntos pendientes con una prisa inusual, cambios de carácter bruscos, autolesiones, mayor impulsividad y un aislamiento social creciente.
Fernández Villar señala que existe una relación entre el suicidio y los trastornos mentales graves, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la depresión grave o el abuso de sustancias. Ante el riesgo suicida en estos casos, explica que la Fundación Hospitalarias trabaja de forma multidisciplinar.
Desde psiquiatría se ajusta el tratamiento farmacológico a las necesidades de cada paciente. Desde psicología se aborda la terapia individual y relacional, sin dejar de lado a la familia.
El área de trabajo social busca apoyos y recursos comunitarios adaptados a la realidad de cada persona. Los integradores sociales y terapeutas ocupacionales, por su parte, fomentan la participación en actividades prácticas para recuperar funciones perdidas.
La psiquiatra destaca también el papel del acompañamiento diario del personal auxiliar y de enfermería, que actúa en las intervenciones en crisis y como enlace con el psiquiatra. Menciona, por último, el trabajo del equipo de pastoral, centrado en dar un sentido vital a la existencia de los pacientes desde su propia espiritualidad.