Sentir que falta el aire durante el ejercicio no siempre indica una mala forma física. Así lo advierte el cirujano plástico especializado en cirugía facial y rinoplastia Marco Romeo. Según explica, el origen puede estar en un problema nasal.
El especialista se refiere a la insuficiencia valvular nasal, un trastorno poco conocido. Ocurre cuando la zona más estrecha de la nariz se cierra al inspirar con fuerza, lo que dificulta la entrada de aire.
Romeo insiste en que respirar mal por la nariz es un problema de salud, no una simple molestia pasajera. Casi nunca guarda relación con el cansancio o la falta de forma física, señala. Tiene, en cambio, una causa anatómica concreta y localizable. En la mayoría de los casos, además, admite corrección mediante cirugía.
La válvula nasal se sitúa en el tercio medio de la nariz. Es el punto más estrecho de toda la vía respiratoria superior, explica Romeo.
El trastorno aparece cuando los cartílagos que sostienen esa zona pierden firmeza. Puede deberse a un desplazamiento, al envejecimiento natural o al debilitamiento tras una cirugía previa. Al inspirar con fuerza, esa estructura debilitada cede hacia dentro y bloquea el paso del aire.
El cirujano enumera varios síntomas habituales de este trastorno. Entre ellos, despertarse con la boca seca o notar que por una fosa nasal apenas entra aire.
También menciona el uso frecuente de tiritas nasales, tanto para dormir como para entrenar. Otra señal de alarma es ver cómo una o ambas fosas se hunden visiblemente al inspirar con fuerza. Cualquiera de estos signos, apunta Romeo, justifica una consulta médica.
El diagnóstico de este trastorno no puede basarse solo en la observación visual de la nariz. Es necesario comprobar cómo se comporta la estructura al respirar y valorar el estado del cartílago, explica el especialista.
El problema, además, puede presentarse junto a otras alteraciones, como una desviación del tabique nasal. Por eso resulta imprescindible estudiar cada componente por separado antes de intervenir.
Cuando la cirugía es necesaria, suele consistir en reforzar la estructura con injertos de cartílago del propio paciente. Ese material puede extraerse del tabique nasal. Si no hay suficiente disponible, los cirujanos recurren a cartílago de la oreja o de la costilla.
Romeo advierte, por último, contra normalizar durante años síntomas como respirar por la boca al hacer deporte. Asumir que esa dificultad forma parte de la propia anatomía, sin solución posible, es un error habitual, según el especialista.