Tomo prestado el título de su obra a Miguel Hernández para definir y concretar la situación que se mantiene en Ceuta y Melilla como “el rayo que no cesa”. Porque rayo es, que no lámpara, el que dos ministros digan lo contrario sintiendo, probablemente, lo mismo. Una que el CNI informó avisando de la avalancha de julio, también llamada invasión; jugada del sultán, prefieren muchos. El otro ministro de asuntos internos, siempre procurando que no se sepan los suyos, certifica que su departamento no recibió el menor aviso… de haberlo sabido, continúa, otro gallo le hubiese cantado a los marroquíes, que saben más de corderos sumisos que de aves de cetrería.
Y es que el CNI, desde que el general era allí todopoderoso señor que podía enviar a la cárcel a quien se le oponía de frente y, al mismo tiempo, controlar propias y ajenas cuentas corrientes, comenzó a sentirse débil en la debilidad de sus nuevos jefes, más intervenidos. A la actual ministra responsable , que habla como si tuviera la boca llena de gachas, todo se le va en “españolismos” ceutíes y melillenses. Le ocurre como al presidente de Castilla La Mancha, que se ha convertido para todos en un “protestante no practicante”.