Detectar a tiempo los problemas de visión durante la infancia puede marcar una diferencia importante en la salud ocular futura. La ambliopía, conocida popularmente como ‘ojo vago’, puede provocar una pérdida de visión permanente si no se diagnostica y trata antes de que finalice el desarrollo visual.
La oftalmóloga María Concepción Guirao explica que los primeros años de vida son fundamentales porque el cerebro está aprendiendo a interpretar las imágenes que recibe a través de los ojos. Entre el nacimiento y aproximadamente los ocho años existe una elevada plasticidad cerebral, lo que facilita la corrección de determinados problemas visuales.
La ambliopía puede aparecer por diferentes causas, como alteraciones oculares, estrabismo o defectos de refracción. En estos últimos casos, utilizar la graduación adecuada permite que el cerebro reciba imágenes nítidas y pueda desarrollar correctamente la visión.
Si el problema pasa desapercibido durante la infancia, corregirlo posteriormente puede no ser suficiente para recuperar completamente la capacidad visual.
Por este motivo, las revisiones oftalmológicas periódicas resultan fundamentales. También ayudan algunos hábitos cotidianos, como pasar unas dos horas al aire libre, limitar el uso excesivo de pantallas, mantener una distancia adecuada con los dispositivos electrónicos y realizar descansos frecuentes para reducir la fatiga ocular.