Los terremotos registrados en Granada en los últimos días han puesto de relieve la necesidad de proteger el patrimonio histórico frente a los movimientos sísmicos. Expertos en arquitectura y conservación defienden la combinación de planes de emergencia y soluciones constructivas que permitan a los edificios adaptarse a los temblores sin perder sus características originales.
La Alhambra es uno de los ejemplos de esta estrategia. Su director, Rodrigo Ruiz-Jiménez Carrera, ha destacado que el plan de autoprotección y emergencia permite tomar “decisiones rápidas” ante situaciones que requieren actuar en poco tiempo. El protocolo contempla diferentes riesgos, como terremotos, incendios, lluvias o fuertes vientos, y prioriza la seguridad de trabajadores y visitantes. El monumento no ha sufrido daños estructurales relevantes durante la serie sísmica registrada en Granada.
El arquitecto y catedrático José Luis Esteban Penelas subraya que la flexibilidad es una de las principales claves para que las construcciones históricas soporten los terremotos. “Lo más importante frente a la acción de un terremoto es que los edificios actúen como un junco”, explica. En la Alhambra, por ejemplo, las bases de las columnas del Patio de los Leones cuentan con elementos metálicos que permiten cierto movimiento y hacen que las columnas “bailen” durante un seísmo.
Cuando un edificio no dispone de estas características, los expertos plantean incorporar estructuras de refuerzo que respeten su valor histórico y estético. Estas soluciones pueden ocultarse en elementos como bóvedas y permitir una mayor flexibilidad. También existen precedentes en construcciones históricas, como las catedrales, cuyas torres y estructuras incorporan sistemas destinados a absorber o contrarrestar los movimientos.
La prevención también pasa por adaptar las visitas y los recorridos para reducir riesgos en caso de réplicas, como ya ocurre en algunos monumentos de Granada. La Catedral, la Capilla Real y el Monasterio de San Jerónimo tampoco han registrado daños, según fuentes del Arzobispado. Sin embargo, los especialistas reconocen que existen edificios en los que resulta imposible introducir refuerzos sin alterar su estructura, por lo que, en esos casos, será necesario recurrir a “rehabilitación, restauración muy severas” y actuaciones de gran rigor para evitar daños futuros.