Las altas temperaturas pueden provocar síntomas que, en determinadas ocasiones, podrían confundirse con los de un ictus. Dificultad para hablar, pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, alteraciones en la visión o desviación de la boca son señales ante las que no conviene esperar, según advierte el neurorradiólogo intervencionista Eduardo Bárcena.
Durante el verano existe el riesgo de relacionar algunos de estos problemas con el calor o la deshidratación. Sin embargo, desde el Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista recuerdan que, ante la sospecha de un ictus, cada minuto cuenta. Esperar a comprobar si el afectado mejora puede retrasar el tratamiento y aumentar la posibilidad de sufrir secuelas.
La recomendación ante la aparición repentina de síntomas neurológicos es llamar inmediatamente al 112. Los servicios de emergencia pueden valorar la situación y activar el protocolo necesario para trasladar al paciente al centro adecuado.
Los especialistas recuerdan que determinar el tipo de ictus mediante pruebas de imagen resulta fundamental para decidir el tratamiento.
La prevención también desempeña un papel importante. Evitar el tabaco, moderar el alcohol, realizar ejercicio y controlar la tensión arterial, el colesterol y el azúcar ayudan a reducir el riesgo de una enfermedad que afecta cada año a unas 120.000 personas en España.