Neumonía, anemia, malaria, tos ferina, VIH e incluso desnutrición crónica son solo algunas de las patologías que presentan los pacientes que llegan al centro de salud de San Lorenzo, una de las principales ciudades de la Amazonía peruana donde más del 70% de la población es indígena.
En esta localidad situada en el departamento de Loreto, la región más extensa de Perú y que alberga a una treintena de grupos originarios, residen alrededor de 60.000 personas, de las cuales al menos la mitad tiene menos de 18 años, por lo que la mayoría de personas que acuden a esta suerte de clínica de titularidad pública son niños o adolescentes.
Sin embargo, las capacidades del centro para atender las necesidades de los pacientes son muy limitadas, lo que obligaría a su traslado a otras ciudades, de no ser por las enormes distancias y la limitada conectividad que desde hace décadas enfrentan las comunidades de la selva amazónica y que hace que incluso algunas familias desistan de acudir.
El destino más cercano a San Lorenzo para derivar a una persona con un cuadro médico complicado se encuentra a 45 minutos en vuelo o 12 horas por río, lo que pone en grave riesgo la vida del paciente. Se trata de Yurimaguas, cuyo centro carece de Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) pediátrica a pesar de atender a poblaciones tan jóvenes.
«Si Yurimaguas no nos da (una) solución, tenemos que coordinarnos con Iquitos», indica Liseth Durand, responsable de promoción de la salud en San Lorenzo, en declaraciones a Europa Press, extendiendo aún más el peligro, dado que solo hay dos vuelos por semana de San Lorenzo a Iquitos, mientras que para Yurimaguas sí hay trayectos diarios.

De este modo, un menor que no pueda ser atendido en San Lorenzo y tampoco en Yurimaguas, necesitará ser trasladado a casi 850 kilómetros para poder recibir la adecuada atención médica.
Así lo explica Carlos Albrecht, oficial de salud y nutrición para el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en Perú: «Imaginemos que un niño con neumonía de Andoas, a diez horas de San Lorenzo, llega acá (al centro médico) diez horas después y no se puede tratar. Necesita ir a Yurimaguas. Si no hay avionetas son otras 10 o 12 horas hasta que finalmente es asistido, en caso de que lo acepten. Si no, tendría que ir a Iquitos».
En respuesta, la agencia de la ONU trabaja junto a organizaciones indígenas, autoridades peruanas y la financiación de la Unión Europea para fortalecer sistemas de alerta temprana que permitan a estos territorios identificar riesgos y activar respuestas oportunas ante emergencias más allá del ámbito sanitario, como por ejemplo incendios o casos de violencia de género.
En este contexto nacen los comités comunitarios de emergencias y desastres, una suerte de brigadas indígenas organizadas, entrenadas y equipadas por entidades como Unicef y Acción Contra el Hambre (ACH) con material médico como botiquines y camillas, un ordenador con el que pedir ayuda a las autoridades locales y megáfonos para alertar o informar a la población en caso, por ejemplo, de necesitar evacuarla ante el riesgo de inundación.
Al menos cinco comunidades indígenas de la provincia Datem del Marañón ya cuentan con este tipo de comité, entre ellas Trueno Cocha y Puerto Industrial, que se encuentran a cinco y 15 horas respectivamente desde San Lorenzo en chalupa, una embarcación pequeña a motor. Estos grupos de gestión de riesgos y respuesta a emergencias dan así una cierta, aunque limitada, autonomía a más de 1.600 personas que residen entre las citadas comunidades.