Al cumplirse 29 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco, Jaime Mayor Oreja ha expresado su «profunda tristeza» ante el hecho de que la juventud actual ignore el significado de aquel movimiento social que, según sus palabras, «alumbró» una ola de rechazo sin precedentes al terrorismo.
El exministro considera este vacío informativo como una incapacidad para comprender el presente, señalando que esta falta de memoria ha permitido que se instale una «nueva leyenda» que intenta presentar a figuras del entorno de la banda como «hombres de paz», bajo la premisa de que «el relato nunca puede prevalecer sobre la verdad».
Recordando aquellos días de julio de 1997, el entonces titular de Interior los define como un tránsito violento entre la euforia por la liberación de Ortega Lara y la angustia ante lo que describe como el «asesinato a cámara lenta» del concejal del PP.
Mayor Oreja ha sido tajante al asegurar que en ningún momento se contempló ceder a las exigencias de ETA: «Yo no diría que con tristeza, pero sí con una cierta angustia, porque sabíamos que la muerte de Blanco era la consecuencia de una determinada política del Gobierno», ha explicado, admitiendo que, ante la falta de comunicación con los captores, la búsqueda del joven edil se sintió desde el inicio como una tarea casi imposible.
El exdirigente popular ha abordado también la gestión de posibles mediaciones, mencionando la petición del entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, para que una persona cercana a la cúpula etarra intentara indagar sobre las intenciones del comando.
Al respecto, ha aclarado que «dejó muy claro» que aquello «no era una mediación del Gobierno», sino una mera facilitación para que el periodista pudiera obtener información, insistiendo en que la postura del Ejecutivo frente al chantaje terrorista permaneció inalterable durante las 48 horas de secuestro.
En el plano político, Mayor Oreja sostiene que el «Espíritu de Ermua» provocó «pánico» en el PNV al tratarse de un movimiento social que «no podía controlar» y que amenazaba con fortalecer el Estado de derecho frente al nacionalismo.
Según el exministro, este temor llevó al nacionalismo vasco a pactar con la banda terrorista, «abrazando la autodeterminación» para evitar su propia irrelevancia, un camino que, en su opinión, fue posteriormente consolidado por el proceso de paz impulsado por el Gobierno de Zapatero.
Finalmente, el exministro ha denunciado que dicho proceso fue un pacto diseñado para que ETA alcanzara el poder en el País Vasco y Navarra. «A base de legitimar a ETA, blanquear a ETA, hubo tres opciones políticas que fue la del PNV, luego Esquerra Republicana de Cataluña, que pactaron autodeterminación, y luego el PSOE de Zapatero que pactó un proceso.
Un proceso con esa lógica al final te lleva al poder», ha concluido, reafirmando su postura crítica ante una narrativa que, a su juicio, ha ocultado la verdad sobre la historia reciente de España.