La Audiencia de Valencia ha iniciado el juicio por el secuestro y las presuntas torturas sufridas por un hombre de 45 años, que asegura haber sido retenido durante varias horas por seis personas, entre ellas Joaquín Martins, quien se cambió el nombre y en realidad es Mauricio Anglés, alias ‘El Mauri’, hermano de Antonio Angles, el asesino de las niñas de Alcásser.
Antonio Anglés huyó tras el crimen de las niñas en 1993 y se cree que murió tras lanzarse desde un barco en el que viajó de polizón en aguas cercanas al puerto de Dublín. Por estos hechos sí fue condenado su cómplice confeso Miguel Ricart, quien se halla libre desde hace unos años tras haber cumplido la pena.
Su hermano Mauri parece que ha seguido también la senda criminal con este espantoso secuestro de un empresario valenciano en el que se halla procesado junto a otras personas y cuyo juicio proseguirá hoy lunes en Valencia.
La Fiscalía le pide 27 años de cárcel y sostiene que el móvil de los hechos estaría relacionado con una deuda vinculada a negocios entre algunos de los acusados y la víctima.
Antes del inicio del juicio, las defensas solicitaron la nulidad de parte de la investigación al cuestionar la legalidad del seguimiento policial realizado mediante una baliza instalada en un vehículo.
Argumentaron que no existía autorización judicial suficiente y que se trató de una investigación prospectiva. Sin embargo, la presidenta del tribunal rechazó estas cuestiones previas y decidió mantener la validez de las actuaciones.
La sesión estuvo marcada por la declaración de la víctima, que compareció protegido tras un biombo, informa El Levante. El hombre explicó que conocía al Mauri desde hacía años por ser ambos de Catarroja, aunque aseguró que llevaban alrededor de dos décadas sin hablar.
Según relató, el secuestro se produjo cuando el hombre de 45 años circulaba en su vehículo por una zona de caminos próxima a Montserrat, donde solía ir de caza. Tras detectar movimientos extraños de dos furgonetas, intentó dar marcha atrás para escapar, pero ya no tuvo posibilidad de huir.
El denunciante explicó que varios individuos con el rostro cubierto rompieron la ventanilla de su coche, lo sacaron por la fuerza y comenzaron a golpearlo, incluso con la culata de un arma. Posteriormente, fue esposado e introducido en una furgoneta blanca mientras otros asaltantes se llevaban su vehículo.
Durante el trayecto fue trasladado hasta una nave industrial, donde, según su testimonio, comenzó un episodio de torturas que se prolongó durante aproximadamente dos horas. Allí aseguró que sus captores le reclamaban grandes cantidades de dinero mientras lo golpeaban de forma continuada.
El hombre afirmó que fue desnudado, esposado y amenazado con cortarle los dedos. También relató que recibió numerosos latigazos con una cadena cada vez que insistía en que no disponía del dinero que le exigían.
Uno de los momentos más duros de su declaración llegó cuando aseguró que los agresores utilizaron brasas de una barbacoa para quemarle la espalda. Según explicó, llegó a perder el conocimiento en varias ocasiones debido a la violencia sufrida.
Finalmente, los secuestradores decidieron abandonarlo. Siempre según su versión, fue sacado de la nave, atado con bridas y rociado con el contenido de un extintor antes de ser arrojado desde una furgoneta.
La presidenta del tribunal le señaló una aparente contradicción entre esa afirmación y otros detalles de su relato, a lo que respondió que apenas recordaba con precisión esos instantes porque se encontraba «medio en coma».
Tras pedir ayuda sin éxito a varios conductores, un motorista se detuvo para asistirle y permitió que pudiera denunciar posteriormente los hechos ante la Guardia Civil.
La víctima también explicó que, tras el secuestro, recibió amenazas y llegó a cambiar de domicilio por miedo a represalias. Además, aseguró que varias personas intentaron cobrarle dinero a cambio de facilitarle información sobre la identidad de los autores, una oferta que rechazó porque confiaba en la investigación policial.
Durante la vista también declaró un testigo que aseguró haber presenciado parte del secuestro. Relató que observó cómo varios hombres intentaban introducir por la fuerza a otro en una furgoneta mientras la víctima pedía auxilio. Tras encontrar restos de sangre, cristales y una zapatilla en el lugar, acudió primero a un cuartel de la Guardia Civil y posteriormente alertó al 112.
La investigación dio origen a la denominada Operación Montserrat 121, desarrollada por la Guardia Civil, que culminó con la detención de los seis acusados y varios registros domiciliarios en distintas localidades valencianas.
La jornada concluyó con la declaración de un testigo que trató de aportar una coartada para uno de los procesados al asegurar que estaba con él en una discoteca la noche de los hechos. Sin embargo, no supo explicar por qué no había ofrecido esa versión durante el año y cuatro meses que el acusado permaneció en prisión provisional.
El juicio continuará este lunes con la declaración de los procesados.