La selección española encontró ante Austria la versión que venía buscando desde el inicio del Mundial. El triunfo por 3-0 no solo certificó el pase a los octavos de final, sino que confirmó la recuperación de un centro del campo que volvió a dominar el juego y permitió al equipo de Luis de la Fuente ofrecer su actuación más convincente del torneo.
Tras una fase de grupos en la que España había sumado siete puntos sin terminar de convencer, el cruce de octavos mostró a una selección mucho más dinámica, con mayor velocidad en la circulación del balón y una clara vocación ofensiva. Buena parte de esa transformación tuvo su origen en el rendimiento de Pedri, Rodri y Dani Olmo, que ofrecieron una actuación de alto nivel.
El seleccionador apostó por reunir a los tres desde el inicio, una decisión que dio al equipo el equilibrio que había echado en falta en los encuentros anteriores. Rodri ejerció de referencia en la salida de balón, Pedri volvió a marcar el ritmo del juego con su capacidad para asociarse y encontrar espacios, mientras que Dani Olmo aportó movilidad y verticalidad entre líneas.
La mejoría también se reflejó en la seguridad con balón. España redujo notablemente las pérdidas en la construcción del juego, uno de los aspectos que más problemas había generado durante la primera fase. Tanto Rodri como Pedri mantuvieron una elevada precisión en el pase y ofrecieron constantes líneas de apoyo para facilitar la circulación.
Sin balón, la respuesta también fue sobresaliente. La presión alta dificultó la salida de Austria y permitió recuperar numerosos balones en campo rival, una circunstancia que favoreció el dominio territorial del conjunto español durante buena parte del encuentro.
En ataque, Pedri volvió a ser decisivo gracias a su visión de juego, participando en la acción que abrió el marcador, mientras que Dani Olmo actuó como enlace entre el centro del campo y los delanteros. Aunque no firmó goles ni asistencias, su movilidad y capacidad para recibir entre líneas facilitaron que España encontrara espacios en una defensa muy ordenada.
El rendimiento colectivo invita al optimismo, aunque la selección afrontará ahora un examen de máxima exigencia. En los cuartos de final espera Portugal, un rival con una de las medulares más completas del campeonato y ante el que España deberá confirmar que la brillante actuación frente a Austria no fue un episodio aislado, sino el punto de partida de su mejor versión en el Mundial.