Después de muchos años de ausencia, Antonio Gala regresó a Córdoba para iniciar un bellísimo discurso con esta entradilla: “Córdoba para mí es como una novia a la que se quiere mucho pero que no puede uno casarse con ella”… Su exilio lo recuerda también en el prólogo a mi primer libro (Casi Historia de las Ermitas de Córdoba), del que todavía me siento agradecido y satisfecho. Córdoba sin Gala sería algo más pequeña y Gala, si la ciudad de los Califas, estaría vinculado únicamente a Brazatortas.
Con los anhelados, y estérilmente prometidos, Presupuestos del Estado pasa igual: casi cuatro años de novios y no salen las cuentas para atornillar los gastos de la boda. España lleva demasiado tiempo sintiéndose una novia desorientada porque no sabe si puede comprar encajes de Holanda para su vestido o conformarse con “una falda de percal planchá”. Habrá elecciones si no se aprueban los presupuestos, nos ha dicho el novio de la desdichada, pero ya buscará él argumentos, promesas de otro anillo de bodas, que estará en condiciones Zapatero de suministrarle… Para eso están los amigos. Nos sorprendería el Presidente si se apeara de las fidelidades a quien tanta luz le dio, con quien tanto supo compartir.