Desconozco si en otros países europeos sucede lo mismo pero, históricamente, gobernar al nuestro se hace tarea ímproba y a veces imposible. Se echó de más a la reina Isabel II; Amadeo de Saboya abdicó después de repetir hasta la saciedad que los españoles éramos ingobernables. Cuando Alfonso XII matrimonió en segundas nupcias con austríaca archiduquesa María Cristina, los españoles dijeron que era demasiado religiosa y echaron de menos a su suegra. Con Alfonso XIII, sus correrías amorosas, la hemofilia traída de Inglaterra por la reina Victoria y la dictadura de Primo de Rivera… todo sirvió de trampolín para que el 14 de abril de 1931 tuviera que exiliarse. La República segunda, lejos de enmendar la plana empeoró la sociedad con mayor división… Así sucesivamente.
Llegó Franco y, según dicen algunos, fue el único que nos entendió durante cuarenta años. En la actualidad tenemos a un Gobierno que también pretende no dejar títere con cabeza y el 23 por ciento lo aplaude. Aún más: buscan la forma de prolongarse como en Venezuela.
Pienso que es imprescindible una imparcial unidad colectiva. Sol y playa tenemos; lo demás, no se entiende.
Pedro Villarejo