Un profesor y amigo en la facultad de Granada, me ayudó con la sabiduría de sus consejos a que, cualquier emprendimiento que desarrollase en mi vida, tendiera siempre a la excelencia, al buen gusto, al brillo sin deslumbrar, a la concordia frente a la división. Me complace que mi amigo José Eladio Camacho, compañero de palabras en Fuentes Informadas, lo comparta.
Escribía Alberti que “lo barroco es la profundidad que aparece”. Tarde o temprano, aquello que llevamos en el pozo más hondo se muestra a su manera en los gestos diarios, en las miradas y casi siempre en las palabras. Lo único que se necesita es un buen intérprete que descodifique las actitudes aunque, siendo simplemente un observador de la costumbre, puede deducirse el significado de aquellos que conviven en nuestra misma sociedad y que cada día observamos detrás del papel couché de los periódicos.
La Cruz, tan alta del Valle de los Caídos. La que ya han colocado en Cibeles para la misa del papa o la que llevamos en los bolsillos de la fe, es el signo que, lejos de ofender a otros, traslada al mundo entero que la salvación nos ha llegado, y nos seguirá llegando, gracias al amor que se entrega.