Julio Feo, Secretario de Presidencia con Felipe González: “Hace poco, pedí al PSOE que alguien le hiciera callar”

3 de junio de 2026
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Julio Feo Zarandieta. | Wikipedia

«Mire, la vida es como un tranvía que transita en torno a un círculo. Hay que saber subirse al tranvía, pero también, es preciso saber bajarse a tiempo»

Nacido en 1936 en Valencia, Julio Feo Zarandieta, colaborador cercano de Felipe González, ha sido uno de los consejeros áulicos más influyentes de la política española en el comienzo de la democracia tras la dictadura. A sus 90 años recién cumplidos, muestra hoy una vitalidad y una locuacidad envidiables, que dan noticia de una vida fecunda y felizmente transitada. Casado cuatro veces, es padre de dos hijas y dos hijos. Ha atravesado el Atlántico dos veces en un velero. Su vida es la de un gozador laborioso, con el entusiasmo de un adolescente y la metodología de un sabio pragmático. Hijo de un abogado represaliado por el franquismo, alumno del Liceo Francés, optó por estudiar Ciencias Políticas en la Facultad madrileña. Ingresó en la Agrupación Socialista Universitaria, ASU. “Detestaba la situación de nuestro país, por lo que intenté ir a estudiar al extranjero”, explica. Una beca le llevaría a la Universidad estadounidense de Stanford, en California. Allí hizo un máster en Relaciones Internacionales y trabajó en un doctorado dos años, que abandonó para ir a trabajar a la Universidad de Columbia en Sociología Política. Regresó a España y fundó Consulta, empresa pionera en estudios electorales. En 1982, fue cooptado por Felipe González para regentar la Secretaría General de la Presidencia. En su casa de Segovia, rodeado de obras de arte, recibe al periodista.

Rafael Fraguas. ¿Cuál fue la idea de España con la que compareció Usted en la política española?

Julio Feo. -Yo deseaba para España la democracia. Bajo el franquismo, sentía que me asfixiaba. Obtuve una beca en Stanford, California.

P. ¿Cómo fue su vida allí?

R. Fueron tres años maravillosos. Compaginé estudios con trabajos. Acepté una oferta como baby sitter y resultó que los niños que cuidaba eran los del decano Albert Bowker. Hice un master y el decano me ofreció hacer un doctorado, que cursé durante dos años pero lo abandoné para ir a Nueva York, a la Universidad de Columbia, para trabajar con Juan Linz.

P. ¿Cómo fue su propia evolución ideológica?

R. Creo que no la hubo. Desde pequeñito fui un socialdemócrata conspicuo.

P. ¿Cómo fueron sus primeros pasos electorales?

R. Mal. Perdimos los comicios de 1977 y 1979. Además, teníamos encima la crisis del XVIII Congreso del PSOE, en el que Felipe González renunció al marxismo.

P. En aquel Congreso, Enrique Tierno Galván alertó de que si se persistía en mantener el marxismo, se produciría un inminente golpe de Estado…

R. Fue una fantasía suya. Lo que sí lo hubiera provocado hubiera sido si vencemos en las elecciones del 79 siendo todavía un partido marxista.

P. ¿Se considera anticomunista?

R. No me consideré nunca un anticomunista furioso. Una cosa era colaborar con Santiago Carrillo y otra distinta con Julio Anguita.

P. ¿Cómo se produjo la ruptura entre Felipe González y Alfonso Guerra?

R. Lo desconozco. Pero nunca antes les vi tomar juntos un café…

R. ¿Creyó imprescindible ingresar en la OTAN para acceder Europa?

R. Si. Había que estar a las duras y a las maduras.

P. Desde el PSOE ¿ingresar en la Alianza Atlántica se veía como antídoto contra la injerencia de los militares en la política…?

P. Sí. Eso pensábamos algunos.

P. Sin embargo, Grecia y Turquía sufrieron sendos golpes de Estado de extrema derecha militar y su presencia en la OTAN, de la que eran pioneros, no les garantizó nada…

R. Dentro de la OTAN la situación en España sería bastante mejor de lo que lo era anteriormente. Por cierto, en una ocasión previa al referéndum sobre la permanencia española en la Alianza, propusimos a Fraga que designase un Comisario para Europa a compartir con el socialista Manuel Marín. Propuso a su cuñado Carlos Robles Piquer. El partido lo descartó por considerar su pasado fascista. Fraga montó en cólera. Y anunció que se abstendría en el referéndum sobre la OTAN.

P. Como Secretario General de la Presidencia del Gobierno y hombre bien informado, ¿se conocían las irregularidades del Rey Juan Carlos?

R. No sé si en el CESID las conocían. Yo no trataba con Manglano. Con él despachaba Narcís Serra y Narcís con Felipe.

P. ¿Tuvo algo que ver el asesinato del almirante Carrero Blanco con la incipiente carrera nuclear española?

R. No lo sé…

P. La continuidad de Carrero al frente del Gobierno, una vez muerto Franco, ¿hubiera polarizado –o no- la transición a la democracia y otorgado la hegemonía del proceso de cambio al Partido Comunista?

R. Si, lo creo. Unos pensaban que, en el futuro, se desarrollaría un “modelo italiano”, con un Partido Democratacristiano muy fuerte y un Partido Comunista fuerte también; otros, como yo, pensábamos más en un Partido conservador y Partido socialista igualmente fuertes.

P. ¿Por qué mantuvieron vigente la Ley de Secretos Oficiales, que data  de 1968 con Franco aún vivo, que carecía de plazos de desclasificación?

R. Felipe González era excesivamente prudente al respecto, no quería problemas, ni pisar callos a nadie.

P. ¿Tiene futuro político la extrema derecha en España?

R. No. No veo que lo pueda tener.

P. ¿A qué se debe la hostilidad entre Felipe González y Pedro Sánchez?

R. Felipe, al que he sido leal toda mi vida, se equivocó: quiso convertirse en una especie de hada madrina de Pedro Sánchez… Hace poco envié una carta al PSOE pidiendo que alguien hiciera callar a Felipe. Me parecía que estaba incurriendo en descalificaciones impropias de una persona como él, que siempre ha actuado sin acritud, como decir que no votaría al Partido Socialista.

P. ¿Cómo conoció a Pedro Sánchez? ¿Ha colaborado con él?

R. Lo conocí en Segovia y hablamos varias horas. Vino también a algunos mítines, a los que asistí. Entonces le dije a un amigo “este tío tiene madera de Presidente”. Pero no, no he colaborado con él; le expliqué que yo era ya muy mayor para meterme en líos otra vez.

P. Como politólogo ¿cree que Donald Trump va por libre, o bien que obedece a un designio escrito desde el Deep State?.

R. Parece un verso suelto pero ha aglutinado a todas las derechas…

P. ¿Le inquieta –o no- la aproximación a Rabat de Washington y Tel Aviv?

R. Un rearme desaforado de Marruecos puede provocar aquí una reacción militar.

P. ¿Ve evitable o inevitable una guerra a medio o largo plazo entre Estados Unidos y China?

R. Todo puede pasar, pero me parecería estúpido plantear un conflicto armado a medio plazo.

P. La razón de Estado, que Usted gestionó, pareciera ejercer un maleficio a quienes la tratan: los artífices áulicos de la Transición, Fernández Miranda, Suárez, el Rey Juan Carlos, Fraga, Carrillo, González, Guerra…, han visto quemadas sus carreras políticas. ¿Por qué no se vio quemado como ellos?

R. Mire, la vida es como un tranvía que transita en torno a un círculo. Hay que saber subirse al tranvía, pero también, es preciso saber bajarse a tiempo. A mí me ayudaron a subir. Pero fui solo yo quien decidió bajar.

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