Según el Libro Sagrado del Eclesiastés hay un tiempo para cada cosa… también un tiempo para descansar al reconocer las circunstancias y las potencialidades. Una vigorosa dama malagueña, de 91 años, ha decidido presentarse a la presidencia de la Comunidad andaluza “porque quiere servir”. Si me disculpa, estimada señora, creo que a ciertas edades se sirve mejor con buenos ejemplos y creativos silencios.
Por mucha fuerza que tenga, la política es una jauría donde se lastiman unos a otros a “dentelladas secas y calientes”, en palabras de Miguel Hernández, y hasta los que se dicen amigos, compañeros de viaje o de partido, llevan bajo el traje de faralaes o del sombrero cordobés una gotita de miel envenenada.
Que Dios le conceda a usted, señora, muchos años de vida que le serían inevitablemente mermados si tuviera que defender sus inocencias frente a los colmillos retorcidos de los que también proclaman un servicio que casi nunca llega y una amistad que se vuelve rencor cuando los valores proclamados no coinciden con las ambiciones personales. Éxito, de todos modos.