Siempre tuvo el Vaticano una prioridad en la diplomacia, que abarca gestos y palabras. Por eso, cada sílaba que de Roma procede hay que mirarla con lupa e interpretarla en la confluencia de todas las estrellas.
La Venerable arzobispa de Canterbury Mullally acaba de visitar al papa León XIV entre respetables encuentros de protocolo. La arzobispa le ha obsequiado al papa con un tarro de miel y no sabemos si el pontífice le habrá regalado una colmena para que no se termine la dulzura.
El comunicado oficial tras la visita es que se han encontrado para “superar diferencias”. Ya saben ellos que las diferencias entre el catolicismo y el anglicanismo son insuperables. Mientras los ingleses no reconozcan que su religión es el resultado de una intensa y sucesiva calentura real, no habrá nada que hacer. Enrique VIII fue un depravado y cualquiera que sea capaz de seguirlo comete la torpeza de haberse salido del camino.
Con Gibraltar pasa igual. Empeñados en tener razón nos siguen dando cucharaditas de miel Pero ellos erre que erra… hasta que “se superen las diferencias”.