En la brevedad de mis crónicas diarias trato de ensanchar el lado más abierto de la comprensión para justificar, hasta donde sea posible, los desproporcionados abusos y latrocinios que se cometen en este País, que a unos duele y a otros enriquece.
La única persona que sabemos con total seguridad que está en el cielo, porque son palabras del mismo Jesucristo, es Dimas, el buen ladrón que estaba crucificado junto a Él y que se arrepintió de haberse quedado con lo que no era suyo.
En España tenemos una serie de grupos independentistas que reclaman como suyo lo que nunca fue, ni por asomo, propiedad de ellos. Quieren robar a los demás lo que no les pertenece con un descaro proverbial y con menos argumentos que una liebre. Mientras tanto, se van quedando con lo que pueden a modo de un anticipo soberano que nunca llegará por irreal e inconsistente.
Ya que tan dolidos están porque la verdad de la Historia no les reconoce, aprovechen la “comodidad” de esta cruz y pidan perdón, porque al cielo sólo llegan los arrepentidos. De paso, incluyan también lo del tres por ciento.
Pedro Villarejo