Los gatos en la familia significaban una compañía valiosa, sobre todo para los dos hermanos que se fueron a estudiar juntos a un piso de alquiler llevándose el gato que ambos habían criado con entusiasmo de padres.
Aquella mañana, mientras el mayor estaba en clase, recibió un mensaje telefónico de su hermano con la triste noticia de que se había encontrado muerto al gato en el patio de luces de la casa. Ofendido y muy triste recriminó a su hermano por la forma abrupta con que le había trasmitido semejante noticia.
-¿Y de qué otra forma podía habértelo dicho?
-Poco a poco. Primeramente que el gato se había subido al tejado, no calculó bien la distancia y cayó desde el quinto piso. El veterinario está haciendo lo que puede, pero el pronóstico es desolador… Algo así. Y no de golpe como lo has hecho.
Con tanta corrupción encima, tres años sin presupuestos y sin leyes que sustente el Congreso… El Gobierno ya está en el tejado.
Pedro Villarejo