Dos Juanes, eminentes profesores, hispanistas, uno argentino de 63 años, Juan Marcelo Gullo, y otro mexicano de 51 años, Juan Miguel Zunzunegui, se han convertido en los grandes arietes contra la leyenda negra que franceses e ingleses, por pura envidia, arrojaron contra la hispanidad, y que muchos gobiernos dieron por buena en las escuelas durante generaciones, pintando a España como el gran ogro del continente americano.
Están haciendo más por la Hispanidad que los dos cafres que gobiernan y representan a España. Ya empieza a ser tarde para que les sea otorgado a ambos el premio Princesa de Asturias, el más importante y renombrado de España.
[En la imagen inferior, a la izquierda, Marcelo Gullo, autor del libro Madre Patria, entre otros, durante una entrevista]

Y también es muy sobresaliente la labor que está realizando el español conocido como Alberto el hispanista a través de las redes sociales, el mismo vehículo que emplean los citados profesores para dirigirse a los pueblos hispanos y contar lo que en las escuelas siempre se ocultó a las nuevas generaciones.
Un hilo de comunicación que ya no pueden segar los gobiernos que han intentado culpar de sus endémicos males a la llegada de los españoles, hace 500 años.
Gullo y Zunzunegui, que exhiben un talento y conocimientos fuera de serie, están haciendo por la hispanidad, por España, lo que no han querido ni sabido hacer el inextricable corrupto Pedro Sánchez, ahora centrado en conseguir votos de la inmigración norteafricana.
Para seguir en el sillón de La Moncloa, eso sí, crujiendo con 100 nuevos impuestos, 100, a los ciudadanos (con sus paguitas ha elevado ya la deuda pública a más de 1,7 billones, con b).
El otro inoperante gobernante, tímido y pusilánime, es el rey Felipe VI, a quien recientemente no se le ha ocurrido otra cosa que pedir perdón a la comunista Sheinbaum, presidenta de México, por los supuestos daños que ocasionaron los enviados de Isabel la Católica y Carlos V a mesoamérica, cuando aún no era américa ni México existía.
Bien podían los citados dirigentes españoles, sobre todo el dañino Sánchez, entre corrupción y corrupción, lejos de las maquinaciones que martillean su psicopática cabeza para seguir atado a la silla de un poder al que llegó sin ganar ningunas elecciones, dedicar un rato de lectura a los libros de los doctores Zunzunegui y Gullo. Y defender la verdad frente a la negruzca y falsa leyenda.
Cuando llegó al poder, Felipe González, hoy injustamente vituperado por las nóminas del maporrerismo sanchista, se puso como reto las relaciones entre España y los países que hablan su misma lengua.
Y lo logró, cosechó el respeto de todos ellos. Sánchez, en cambio, no puede salir ni a las puertas de La Moncloa sin que le canten eso de pedrosanchez-hijo-de-puta.
¿Debe pedir España perdón por su actuación en América?
NO, en absoluto, coinciden en señalar Gullo y Zunzunegui. España sacó a los países hispanos de la edad de piedra.
Cuando llegó Hernán Cortés a México, ni siquiera existía México. A ver si se entera la comunista Sheinbaum.
Y lo que es peor: los mexicas de Moctezuma (1502-1520) tenían oprimidas y torturadas a las vecinas tribus de Mesoamérica. Se comían sus corazones. Unos 20.000 cada año.
Tanto terror sembraban que Cortés, de origen extremeño, llegó como agua de mayo. Y no llegó con el hacha alzada. Arribó con 14 caballos y unos 400 hombres.
Las demás tribus se unieron a él para que los mexicas dejarán de comerse los corazones de sus niños y jóvenes.
Lo hacían para venerar al Sol, ofreciéndole el cuerpo y la sangre de los miembros de las machacadas tribus, unas 40. Llevaron caballos, nunca vistos antes allí, cultivos inéditos, el arado, etc. Salieron de pronto de la edad de piedra. No conocían el hierro.
Es decir, quienes vencieron a los mexicas, unos cinco millones de indígenas, bajo la dirección de Cortés, fueron los más de 100.000 guerreros de las tribus vapuleadas, que se unieron a Cortés y vencieron a los comecorazones.
Y les ofrecieron otra religión, la católica, que proscribía el sacrificio humano.
Hubo violencia, sí, la misma que emplearon, por ejemplo, los Romanos y los Musulmanes cuando conquistaron España. Pero con una diferencia, los españoles se mezclaron con los indios y de esa fusión nació México.
Y una nueva civilización que se expandió por casi toda América. Los españoles anexionaron la mitad de lo que hoy es Estados Unidos a lo que entonces se llamó la Nueva España. Tras la independencia, México, entonces sí era México, EE UU se apropió de los territorios que los españoles habían conquistado para México.
¿De qué hay que pedir perdón, Felipe VI?
Lo que debería hacer Sheinbaum es, en su caso, instar a Trump a que pida disculpas por el robo de lo que hoy es California, Texas, la Florida… Y, paralelamente, demandar perdón a sus compatriotas de hoy por los 100.000 asesinatos anuales que tiene su país.
Los mexicas de hoy son los narcos, que, aunque no se comen corazones, los perforan a balazos.
Y la culpa del estigma que desde el Gobierno se ha extendido hacia España la tiene, entre otros despreciables gobernantes, Andrés Manuel López Obrador, otro comunista radical, de apellidos íntegramente españoles, como la inmensa mayoría de mexicanos.
En México el mestizaje con españoles fue espectacular. Donde más en América.
Cierto que los españoles se llevaron oro de México cuando los mexicas ni siquiera sabían que era eso ni de donde se extraía. Pero se llevaron una ínfima parte.
La inmensa mayoría de ese oro se quedó en México, está en las ciudades que levantaron los españoles, en las catedrales, iglesias, hospitales y universidades. Ahí está el oro Sheinbaum.
Lo cierto es que durante muchos lustros a los mexicanos se les ha ocultado la verdad de lo que realmente hizo España en México y otros países hispanos, que no latinos (¿latinos de qué, de dónde?).
Los franceses e ingleses, por envidia hacia España, a todo lo que había generado en esa parte del mundo, fomentaron el término latinos.
Nunca se ha hablado Latín en hispanoamérica. El castellano, sí, con sus influencias de las civilizaciones que pasaron por la península, romanos, arabes…
Lamentablemente, franceses e ingleses hicieron bien su trabajo. E impusieron lo de latinoamérica.
El Rey, al igual que Sánchez se pasa la Constitución cuando quiere por el arco del forro, y dada la situación a la que está llevando este a España, debería dar ya un puñetazo en la mesa.
Y decirle al presidente del Gobierno más groseramente corrupto y antiespañol (tiene a los secesionistas colmados de deseos en detrimento del resto de españoles) desde la transición un ¡ya basta! No todo vale.
Aparte de arrepentirse del perdón no debido y aclararle a Sheinbaum algunos conceptos, también es es hora ya de que le diga a Sánchez que, cuanto menos, está mal visto acceder a la presidencia con dinero de prostíbulos tras hacer chanchullos en las primarias, y sin haber ganado ningunas elecciones.
Y que peor visto está mantenerse en el poder por un interés personal, rodeados de mequetrefes encausados o procesados por corruptos, empezando por su mujer y su hermano, y terminando con sus amigos ladrones del Peugeot. La Gürtel se le queda corta a la actual red corrupta del PSOE.
Y él, supuestamente, en la inopia. Nadie se lo cree.
No suelta el poder porque sabe que él también terminará desfilando ante los tribunales. En cama común, todo se sabe. Las escalerillas le esperan casi seguro.
La pentaimputada Begoña ha conseguido la nacionalidad del paraíso fiscal de la Republica Dominicana, quizás por si tienen que salir los dos con el rabo entre las piernas. No se conoce nada tan vergonzoso en los países del entorno.
Sánchez no tiene ni ha conocido la vergüenza. Es un psicópata de libro, dicen de él los psicólogos que le han analizado en Televisión. Hasta falsificó su doctorado.
Tras lo del «bulo, bulo, fango» que le dijeron sus 800 asesores que dijera, ahora, cuando la justicia ha llevado al banquillo a su mujer y a su hermano (¡y el tipo sigue agarrado al sillón!) y ya no cuela lo del bulo, ahora se dedica a criticar a los jueces…
Sí, es lo que hace este sujeto sin escrúpulos que nunca ha ganado unas elecciones y que, ¡¡¡es curioso!!!, llegó al poder en una moción de censura diciéndole a Rajoy que dimitiera por indecente. Y que debía irse ipso facto porque no lograba aprobar los presupuestos generales del Estado. Tiene bemoles.
La Gurtel del PP es una broma comparada con los casos de corrupción que envuelven a este cuasipresidente, que solo quiere un Falcon para irse de conciertos, vacaciones a tutiplén y mamoneos varios.
Solo un sinvergüenza no tiene reparo en extraer cerca de 3.000 millones de euros de las arcas públicas para hacerse con el control de Telefónica y, por ende, del grupo Prisa. No le basta Tele Pedro 1 y 2, ni los periodistas sumamente mamporreros y bien pagados que le siguen sin rechistar en su desvaríos de grandeza.
Ahora se ha subido al carro (ni siquiera es original) del no a la guerra contra Irán y del no a Estados Unidos.
Dentro de no mucho, lo veremos, Marruecos, el actual gran aliado de USA en la zona del Estrecho, exigirá Ceuta, Melilla y Canarias a través de comunicados que se harán desde las nuevas ubicaciones de las bases de Rota y Morón, en Marruecos.
Este cuasipresidente ya no estará. Es probable que, cuando eso suceda, él esté con Begoña tumbado al sol en la República Dominicana.
Se preguntaba él mismo al principio de los siete años que lleva gobernando cómo pasaría a la historia.
Pasará a la historia como el peor gobernante desde el inepto Fernando VII, cuyo descontrol absolutista, nada que ver la sensatez de la reina Isabel (la que, por ejemplo, exhortó a los españoles a que se casarán con los indígenas, al mestizaje, la que erradicó la esclavitud porque los indígenas también «tenían alma»…) el rey que dio lugar a la desunión hispana.
Frente a los actuales gobernantes, tienen que venir, muchos años después, un argentino y un mexicano a decirle a los españoles, ante la perplejidad de estos, por pura ignorancia de la historia, que los pros de la conquista, que según ellos no fue tal, superan con creces los contras. Y que la leyenda negra en realidad fue blanca, fue el aire fresco de una nueva civilización.
Merecen sin duda, y ya, el premio Princesa de Asturias.